Al Qaida tiene envidia del Estado Islámico

Los yihadistas pretenden enterrar el hacha de guerra, al menos momentáneamente


Era solo cuestión de tiempo que Al Qaida diese su apoyo al Estado Islámico de Irak y Siria, y finalmente ha sucedido. Lo ha hecho a través de Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA), una de sus ramas más activas. Como es sabido, Al Qaida mantenía sus distancias con el Estado Islámico por razones de rivalidad y ortodoxia. En Siria sus filiales y franquicias, de hecho, estaban en guerra abierta con el nuevo califato.

Este anuncio de AQPA significa que, en vista de los bombardeos norteamericanos, los yihadistas pretenden enterrar el hacha de guerra, al menos momentáneamente. Sin embargo, esto no quiere decir que a Al Qaida se haya unido al proyecto político del Estado Islámico, ni siquiera que busque una alianza con ellos. Se trata de algo más bien retórico. Para un yihadista, verse bombardeado por Occidente es una fuente de prestigio y la declaración de AQPA hay que considerarla no tanto una muestra de solidaridad como de envidia.

Está por ver el recorrido que tiene este acercamiento. Un aspecto preocupante es que AQPA, que tiene su sede en Yemen y ha intentado varias veces ejecutar acciones terroristas espectaculares -afortunadamente, sin demasiado éxito-, se sienta animada a intentarlo de nuevo, como ha anunciado. En Siria es posible un pacto de no agresión entre el Estado Islámico y la oposición a Bachar al Asad, compuesta fundamentalmente por filiales de Al Qaida, pero no mucho más. La más importante, el Frente al Nusra, compite por los mismos recursos y territorio que el Estado Islámico, por lo que puede haber cooperación pero no muy sincera. Es aún más difícil que Ahrar al Sham, la otra franquicia de Al Qaida en el país, se reconcilie con quienes hecho saltar en pedazos a uno de sus líderes y decapitado a otro. El verdadero peligro está en la fuga de efectivos de estas milicias a la del Califato.

En todo caso, en el mundo de los yihadistas -como en tantos otros mundos- el respeto dura lo que el éxito. Washington se ha gastado desde junio mil cien millones de dólares bombardeando al Estado Islámico -a medio millón por ataque- sin lograr gran cosa en el terreno militar, pero el daño económico podría empezar a notarse con el tiempo. Si algún día el Estado Islámico flaquea, Al Qaida estaría lista para saltar sobre sus despojos tan rápido como el chacal dorado que se pasea por los desiertos de Siria.

Esa es la paradoja insalvable: en una guerra sectaria, la alternativa a unos yihadistas son otros yihadistas.

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