El paraíso del coche saca la calculadora

Úrsula Moreno BERLÍN

INTERNACIONAL

MICHAELA REHLE

Berlín diseña una polémica tasa para gravar el uso de su red de carreteras

12 jul 2014 . Actualizado a las 06:55 h.

En el paraíso del automóvil, cualquier cambio que afecte al bolsillo de un conductor se mira con lupa. Es el caso del proyecto de ley para cobrar peaje a todos los vehículos que presentó esta semana el ministro de Transportes alemán, Alexander Dobrindt, y que debería entrar en vigor el 1 de enero del 2016. Aunque jura y perjura que no gravará a ningún propietario de automóvil en Alemania, en el país, a priori todo son quejas: que si se trata de un monstruo burocrático, que si no reportará beneficios suficientes, que si discrimina a los restantes conductores europeos? El proyecto acaba de nacer y ya parece condenado a fracasar.

En realidad no se trata de un peaje como lo conocemos en España, Francia, Italia o Portugal, es decir, por kilómetro recorrido en autopista de pago. Más bien es una tasa en forma de viñeta que tendrán que llevar todos los automóviles de hasta 3,5 toneladas de peso que utilicen alguna carretera alemana. He aquí la gran sorpresa de Dobrindt: no se trata de una pegatina como se puede adquirir para el uso de las vías rápidas en Suiza, Austria, Bulgaria, Rumanía, República Eslovaca, Chequia o Hungría, sino de una viñeta obligatoria para viajar por toda la red vial germana.

La pegatina no solo protegerá, pues, los 12.900 kilómetros de autopistas, sagradas en Alemania, donde en muchos tramos se puede pisar el acelerador sin límite. Quiere evitar que algunos conductores opten por carreteras secundarias para evitar el pago. Los Gobiernos regionales enseguida han reclamado su parte del pastel. Dobrindt calcula que, con la tasa, ingresaría en torno a 600 millones de euros al año, después de descontar los gastos ocasionados.

Alemania es país de paso entre grandes naciones como Polonia y Francia. Cualquier ciudadano del Este de Europa prefiere atravesar Alemania que Suiza o Austria. Aparte de una mera explicación geográfica, el hecho de no tener que pagar peaje es una razón de peso. Todo el mundo parecía convencido de que el peaje acabaría llegando, pero ¿por qué un mecanismo tan complicado que cosecha críticas incluso en el seno del propio Gobierno?

El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, expresaba también sus dudas: «Habrá que evaluar las cuestiones financieras y de derecho europeo», dijo ante el reto de reformar el impuesto de circulación, que pagan más de 40 millones de conductores en este país. Otro tanto hace una comisión de expertos del Parlamento y la Comisión Europea, que exige que no se discrimine a ningún conductor en función de su nacionalidad.

Dobrindt, responsable de las costosas infraestructuras alemanas, cuyo mantenimiento supera los 7.000 millones de euros anuales, defendía a regañadientes el proyecto estrella de su partido, la Unión Socialcristiana (el socio bávaro de Angela Merkel). A él le ha tocado sacar adelante un peaje que no grave a los alemanes y que, al mismo tiempo, cumpla las exigencias europeas. Difícil misión.

La solución para no enfadar a Europa: que paguen todos, y los alemanes, que ya abonan religiosamente su impuesto de circulación, se verán compensados con una rebaja automática del mismo. Tampoco supondrá un esfuerzo adicional para el mimado conductor teutón, que recibirá la viñeta por correo. Los automovilistas extranjeros deberán comprarla en las gasolineras. Una de diez días costará 10 euros, la de dos meses 20 euros. Los alemanes pagarán por la anual en función de potencia, año de fabricación y grado de emisiones, una media de 88 euros.

Los primeros que han amenazado con demandar a Alemania ante instancias europeas han sido los países vecinos, Holanda y Austria, y en la Red se multiplican las campañas que proponen posibles represalias, como obligar a los alemanes que vayan de vacaciones a Holanda a que paguen diez veces más por un bocadillo de arenque. Dobrindt quiere reunirse la semana que viene con sus homólogos europeos para analizar su plan.