La élite vuelve al poder


La primera nota de prensa sobre la formación del nuevo gobierno egipcio era extrañamente selectiva. Solo detallaba los nombres de las tres ministras mujeres, a pesar de que las carteras que ocupan son menores. Era un mensaje al exterior: el golpe que ha dado lugar a este gobierno ha sido «laico». Democracia no, pero modernización sí. Claro que casi todos los gabinetes pasados han incluido siempre mujeres (el de Mursi tenía dos).

Luego empezaron a filtrarse los demás nombres y la cosa fue adquiriendo matices nuevos, aunque no inesperados. Hay hombres de Mubarak en posiciones clave, como Abdel Khalifa, Hisham Zazou o Munir Fakhry Abdel Nour. Este millonario copto, por ejemplo fue ministro en el último gobierno de Mubarak, y se cree que financió la campaña de intoxicación del grupo «Tamarod» (Rebelión), que fue clave en la mecánica del golpe. Nabil Fahmy, el ministro de Exteriores, es el hijo del ministro de Exteriores de Sadat, y así sucesivamente.

Más curioso, sin embargo, es que otros siete ministros proceden nada menos que del último gabinete del depuesto Mursi, que era, contra el mito de la «islamización», un gabinete de independientes laicos. Sus repentinas dimisiones fueron clave en el colapso del gobierno en los días previos al golpe, y es ahora cuando cobran todo su sentido, retrospectivamente.

Entre estos repetidores está, por supuesto, el general Sisi, el principal muñidor del golpe, que vuelve a ser ministro de Defensa y viceprimer ministro. El suyo es, en realidad, el único nombre que importa, porque es él quien manda.

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