Egipto ya tiene un nuevo presidente tras el golpe de Estado que este miércoles derrocó al primer líder elegido democráticamente en el país, el islamista Mohamed Mursi. El Ejército, que se hizo con el control del país suspendiendo la Constitución y justificando sus acciones con la necesidad de contener una creciente crisis política, mantiene a Mursi retenido en el Ministerio de Defensa. En su lugar, se ha alzado el vicepresidente del Tribunal Constitucional, Adly Mansur, que ha jurado hoy su cargo como presidente interino de Egipto durante el periodo de transición siguiendo la «Hoja de Ruta» impuesta por los militares. Inmediatamente antes de su investidura, Mansur juró el cargo de presidente del Constitucional, para el que había sido designado el pasado mes de mayo y que le correspondía desde el 30 de junio por jubilación de su predecesor, Maher el Beheiry.

Poco después, la fiscalía ha ordenado arrestar al guía supremo de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie, y a su adjunto Jairat el Shater. Ambos están acusados de incitar a la violencia durante una manifestación celebrada el domingo delante de la sede de su organización en El Cairo que terminó con muertos.

Adly Mansur tendrá a partir de ahora todo el poder para hacer declaraciones constitucionales y para designar a un jefe de Gobierno con prerrogativas, ha indicado el ministro de Defensa y jefe del Ejército Al Sisi. Además, se formará un comité de expertos para enmendar la Constitución. El responsable del alto tribunal trabaja en esta institución desde el año 1992. Entre otras cosas, ayudó a elaborar el marco legal para la celebración de las primeras elecciones presidenciales libres en Egipto que tuvieron lugar en el 2012, en las que resultó vencedor el derrocado Mursi, candidato de los Hermanos Musulmanes. Bajo la presidencia del ex jefe de Estado Hosni Mubarak, el jurista ahora presidente en funciones trabajó para las autoridades judiciales egipcias, lo que compatibilizó durante algún tiempo con labores de asesoramiento en Arabia Saudí.

El final del ultimátum del ejército egipcio a Mursi ha sido el esperado y fue recibido con gran júbilo en la plaza Tahrir, escenario de las multitudinarias concentraciones contra su gobierno. Los grupos opositores acusaban al presidente de incumplir su promesa electoral de gobernar de forma inclusiva, así como de no lograr solucionar la crisis económica y social, centrándose en lugar de eso en consolidar a los Hermanos Musulmanes en el poder. El encarecimiento de los precios de la energía y de los alimentos contribuyeron a aumentar la indignación contra su gobierno y desataron protestas masivas en ocasiones violentas.

Horas antes del anuncio, blindados y tropas cerraron todos los accesos a la plaza de Rabea al Adauiya, en el este de El Cairo, donde se congregaban decenas de miles de islamistas seguidores del presidente Mursi, «para preservar la vida de las personas y evitar enfrentamientos» entre opositores y seguidores del líder islamista. El ejército erigió alambradas y barreras en torno al cuartel de la Guardia Revolucionaria próximo a El Cairo en el que se encontraba trabajando Mursi, según testigos. Asimismo, también según testigos, vehículos blindados y de transporte de efectivos se desplegaron en una zona próxima al lugar en el que se estaba produciendo la principal concentración a favor de Mursi.

Momentos antes del abrupto final de su gobierno, Mursi llamó a la constitución de un «gobierno de coalición y de consenso». Ese discurso fue descalificado por el jefe del Ejército, que aseguró que Mursi «no respondió a las demandas del pueblo». «Es mejor para un presidente, que de lo contrario devolvería a Egipto a los días de la dictadura, de los que Dios y la voluntad del pueblo nos han salvado, morir de pie, en lugar de ser condenado por la historia y las generaciones futuras por desperdiciar las esperanzas de los egipcios de establecer una vida democrática», decía poco después un portavoz de Mursi.

La OTAN pide a Egipto la vuelta a un gobierno civil

Por su parte, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha expresado su preocupación por la situación en Egipto y reclama la vuelta a un gobierno democrático y civil. «Estoy muy preocupado por la situación en Egipto y estoy preocupado por las informaciones sobre enfrentamientos y muertes. Egipto es un socio importante para la OTAN a través del Diálogo Mediterráneo y Egipto es un actor vital en Oriente Próximo. De modo que seguimos de cerca la situación», ha explicado en una rueda de prensa.

El secretario general aliado ha instado «a todo el mundo a ejercer la contención y abstenerse de la violencia, que respeten los Derechos Humanos, incluidos los derechos de las minorías y el Estado de Derecho» y «que trabajen para establecer un gobierno democrático e incluyente civil lo antes posible».

«En este momento crítico es vital que todas las partes trabajen juntos con el objetivo común de reforzar la democracia en Egipto», ha recalcado el secretario de la OTAN, que ha considerado que lo más importante ahora no es entrar en un debate teórico sobre si ha habido un golpe de Estado o no en Egipto.

Rasmussen ha considerado que lo importante ahora no «cómo etiquetar lo ocurrido, si es un golpe o no» sino «encontrar soluciones que puedan llevar al refuerzo de la democracia lo antes posible».

Preguntado si teme el contagio de la crisis política en Egipto a otros países vecinos como Siria y Libia, Rasmussen ha reconocido que «todavía está por ver«. «Pero creo que Egipto es un caso único y no espero que haya ningún contagio», ha confiado.

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Egipto ya tiene nuevo presidente