Crisis en el país que se consideraba modélico en su transición a la democracia
10 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.¿Ha fracasado la primavera árabe? La pregunta vuelve a surgir a raíz de la crisis en Túnez, el país que se consideraba modélico en su transición a la democracia. De repente, el asesinato de un líder opositor y la inestabilidad que esto ha provocado parecen poner al país en una situación todavía más preocupante que la de Egipto o Libia. Para muchos, basta para considerar la primavera árabe «un error», una decepción o, según un concepto muy repetido, «un invierno islamista». Es esta una manera ingenua de entender los cambios políticos. La inestabilidad es su misma esencia.
La conflictividad social e incluso la violencia política son una parte indeseable, pero casi inevitable, de cualquier transformación profunda. Pero es que además lo que estamos viendo tanto en Túnez, como en Egipto es, en cierto modo, lo contrario de lo que se teme. En ambos casos, las elecciones otorgaron amplias mayorías a gobiernos islamistas que, al cabo de relativamente poco tiempo, se han visto acorralados por la opinión pública, que les recrimina sus errores de gestión. Contrariamente a lo que temían muchos, no es que estén imponiendo un régimen teocrático. Lo que les hace impopulares es que su política es ineficaz, sobre todo en el terreno de la seguridad ciudadana y la economía.
Por eso la muerte de Belaid es tan simbólica: ante todo era un dirigente sindical que representaba la protesta contra la política económica del Gobierno, y ha muerto asesinado, casi con toda seguridad, a manos de los «grupos de autodefensa» que se formaron durante la revolución y que, como en Libia, el Gobierno no ha sabido o podido desarmar después.
Igual que en Libia, esas milicias se han convertido en un refugio de radicales que amenazan a la izquierda y a los laicos, pero también, en gran medida, al Gobierno islamista moderado, que teme enfrentarse a ellos. Esto no hace sino profundizar el descontento, cada vez más visible. Decenas de miles de personas asistieron al funeral de Belaid el viernes, mientras que la contramanifestación islamista de ayer se saldó con un sonoro fracaso.
Era imprescindible que los partidos islamistas tuviesen la oportunidad de fracasar para que el aura de novedad que los envolvía se desvaneciese. Si se deja que la democracia siga su ciclo, pondrá con el tiempo a cada uno en su lugar.
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