«La ley es letra muerta»

Gisela Delgado es una de las primeras cubanas a la que se le ha denegado viajar al extranjero


redacción / la voz

«El Estado es muy hábil y parece que seguirá violando su propia ley. Las reformas de Raúl Castro son letra muerta». Así lo asegura la opositora cubana Gisela Delgado, que es, junto con los expresos políticos José Ferrer García y Ángel Moya, de los primeros a los que se les ha denegado viajar al extranjero tras la reforma migratoria del 14 de enero que eliminó la obligatoriedad del permiso de salida. Aunque los casos son distintos.

Ferrer y Moya son del Grupo de los 75 condenados en el 2003 a 25 años de cárcel, al igual que Héctor Palacios, esposo de Gisela Delgado, y están en sus casas con licencia extrapenal. Ella, en cambio, es exdama de blanco, tiene su pasaporte actualizado, y como quería visitar a sus padres, «que son mayores y han tenido problemas graves de salud», y a su hija en Estados Unidos, acudió a la oficina de emigración a preguntar su situación.

Llevaba años intentando viajar, y quería saber si le habían levantado las restricciones. Le preguntaron por los motivos de estas. «Nunca me los han dicho», respondió. «No pertenezco a ningún organismo, no soy contrarrevolucionaria, defiendo los derechos humanos, no tengo delitos ni juicios pendientes, solo soy una ciudadana que quiere ir a ver a sus padres enfermos», se describió.

Pero la oficial mayor de emigración le comunicó que figura en la lista de personas con restricción de viajes por actividades contrarrevolucionarias.

En el 2007, Gisela Delgado viajó a España con su marido para que este recibiera tratamiento médico. Regresaron por no abandonar la lucha. «Fue como un desafío a las autoridades que creían que no volveríamos», reflexiona.

No se arrepiente de haber vuelto, aunque «es como entrar en la prisión y tirar las llaves del calabozo», afirma esta promotora de Bibliotecas independientes. Ese es su delito, atesorar libros.

El que a la líder de las damas, Berta Soler, y a la bloguera Yoani Sánchez les hayan dado pasaportes no le despierta ningún optimismo. Todo lo contrario. «Hay que esperar a que estén en el aeropuerto y ver si las dejan salir. Ojalá no estén en la lista negra», dice.

«Aquí no ha cambiado nada, es lamentable; el Estado firma a nivel internacional, y ahora que preside la Celac, respeto a los derechos humanos, y luego hace lo que le conviene».

Gisela relata cómo las prohibiciones también se dan en el otro sentido. En el 2010, a sus padres no los dejaron entrar en Cuba. Su hija Giselle Recarey, bisnieta de coruñeses, confirma desde Florida, donde vive desde el 2008, que a ella también le prohíben entrar en la isla. «Hay ensañamiento personal con Héctor y conmigo», concluye Gisela Delgado.

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