Un país con una sociedad cada vez más dividida


«Egipto no es solo de los Hermanos Musulmanes. Somos musulmanes, cristianos, seculares? somos egipcios», reprochaba Tareq Mohamed la política del presidente Mursi, a quien responsabilizó de la polarización social de Egipto y de los enfrentamientos que durante las tres semanas previas al referendo han provocado siete muertos y decenas de heridos. «Yo votaré que sí porque lo que quiero es estabilidad», interrumpía Mahmud Armush, generando una discusión en un café del modesto barrio de Saida Nafisa.

«Mursi ha hecho todo lo posible por iniciar un diálogo». El joven islamista Kareem Hareedy confía en el rais y en la Constitución, por lo que aplaudió la manifestación de apoyo del viernes, que registró mayor asistencia que las convocadas en Tahrir o frente al palacio presidencial por la oposición y que pedían el no.

«La gente tiene miedo, porque estas últimas semanas los islamistas mandaban a sus milicias», justificaba el revolucionario Sharif Ilethi en Tahrir sobre la asistencia. Lo que, para él, no significa que tenga un reflejo en las urnas, aunque tanto analistas, como votantes a favor y en contra, creen que será aprobada.

Los egipcios no debaten solo el contenido de la Carta Magna, sino la legitimidad del presidente que ha ido perdiendo el apoyo de los neutrales. El texto de 236 artículos quedó definido el 30 de noviembre tras una jornada exprés de 16 horas de trabajo y con la oposición fuera de la Asamblea Constituyente. El referendo para ratificarlo se inició ayer en 10 gobernaciones, con más del 50 % de participación según las primeras estimaciones; y terminará el día 22 con la votación de las 15 restantes. Si se aprueba habrá legislativas, si se rechaza se convocará otra Asamblea Constituyente.

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