Las dos mujeres implicadas visitaron varias veces la Casa Blanca
18 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Hace una semana dos frases dejaron a medio Washington con la boca abierta. La primera era: «¿Sabes que Petraeus ha dimitido?». Y la segunda: «Tenía una aventura». Si la primera parecía imposible, la segunda rayaba lo inimaginable en un hombre considerado un héroe por la mayoría de sus conciudadanos. Y cuando todo el mundo seguía aún boquiabierto por la sorpresa comenzaron a caer como bombas las siguientes revelaciones: las amenazas de la amante, la implicación del general John Allen, el registro de la casa de su amante, el hallazgo de documentos clasificados?
Cada noticia nueva añadía estupor y desconcierto. Y a pesar del intento de Obama por cerrar el caso al declarar que se trata de un asunto que atañe a la familia Petraeus, el escándalo sigue aportando datos que dicen lo contrario. El último es que las dos mujeres que se encuentran en el epicentro del escándalo, Paula Broadwell, la amante de Petraeus, y Jill Kelley, la mujer que denunció a Broadwell por acoso, han visitado la Casa Blanca en varias ocasiones.
En el caso de Kelley estuvo allí cinco días antes de la dimisión de Petraeus, y antes había acudido los días 28 de septiembre y 24 de octubre. Una de esas visitas fue un recorrido turístico acompañada de su familia pero las otras fue como invitada de un funcionario de la Casa Blanca del que no se ha hecho público el nombre. También Broadwell visitó la Casa Blanca aunque sus motivos estaban relacionados con la preparación de su biografía sobre Petraeus.