Hugo Chávez: Venezuela ha empujado a las FARC a la mesa de negociaciones

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Gobierno y guerrilla evitan errores del pasado

04 ene 2013 . Actualizado a las 20:49 h.

La esperanza no siempre es lo último que se pierde. A veces es lo primero que uno tiene. Es el caso del proceso de paz en Colombia, al que todavía le queda superar muchas pruebas pero que parte con buenos pronósticos.

¿Qué es distinto esta vez? La debilidad de las FARC, que en la anterior negociación de hace una década se encontraban casi en pie de igualdad con el Gobierno, lo que convirtió el diálogo en un ajedrez para derrotar al contrario. Eso ha cambiado. La política dura del expresidente Uribe llegó a ponerlos contra las cuerdas. Sin embargo, ese éxito había llevado a otro callejón sin salida: podía arrinconarse a la guerrilla pero no hacerla desaparecer. «La paz no se puede lograr matando al último miembro de las FARC», como dice el presidente Santos. Este ha sabido distanciarse de su mentor (Santos fue ministro de Defensa de Uribe). También en su decisión de remendar las relaciones con Hugo Chávez. Ese es otro factor crucial: Venezuela ha empujado a las FARC a la mesa de negociaciones en las condiciones impuestas por las autoridades colombianas.

Santos está evitando otros errores del pasado. Su negativa a que la negociación vaya precedida de un alto el fuego es una buena idea: las treguas son difíciles de mantener y suscitan recelos innecesarios. Las FARC han terminado cediendo. Como compensación, se ha puesto en un lugar prioritario de la agenda una solución al problema de la tierra. Ese fue el detonante de la revuelta de las FARC hace medio siglo y desde entonces las expropiaciones forzosas a manos de la guerrilla, y luego las de la contraguerrilla, han convertido a los campesinos en víctimas de los dos lados. Santos no lleva a Oslo a ningún representante de la oligarquía agraria en su equipo. Otro acierto. Si se resuelve ese problema, las FARC pueden pretender haber logrado algo. Podrá entonces afrontarse el asunto clave: la integración de las FARC en el proceso democrático, para la que ahora existe el precedente exitoso de la guerrilla desmovilizada del M-19. La esperanza está justificada.