La economía con Obama

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Los Obama y Joe Biden estuvieron ayer en Iowa.
Los Obama y Joe Biden estuvieron ayer en Iowa. CHIP SOMODEVILLA < / span>Afp< / span>

«Osama está muerto y General Motors está viva», dice la pegatina demócrata

09 sep 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

«Osama está muerto y General Motors está viva», dice la pegatina demócrata. Hasta ahora es el mejor eslogan de la campaña de Barack Obama. Por una parte, tiene que demostrar que no ha «debilitado a América», como dicen sus rivales. Por otra, tiene que vender sus logros en materia económica, lo peor valorado de su mandato.

Puede ser injusto, pero es comprensible. Es difícil vender la gestión económica de Obama, y no porque haya sido mala sino porque sus logros no son fácilmente visualizables. No hay duda de que logró evitar el derrumbe del sistema bancario norteamericano, apuntalar el mercado inmobiliario y frenar la espiral de desempleo y recesión. Es un logro histórico, pero la política no es la historia y, menos aún, la contra-historia. La política no trata de lo que podría haber sido sino de lo que es. Y lo que es la economía norteamericana ahora mismo no da para un gran cartel electoral: déficit y desempleo se reducen, pero demasiado lentamente como para que parezca que es gracias a nadie. El rescate a la banca mediante dinero público, más impopular aún en Estados Unidos que en los demás países, no es algo de lo Obama pueda presumir en público.

Incluso la supervivencia de General Motors sabe a poco cuando se comprende que ya nunca será lo que fue. Osama está más muerto que General Motors, pero no mucho más. Michigan, el estado donde están sus fábricas, duda si votar a Romney.

Como en tantas áreas, el gran defecto de Obama ha sido la prudencia. Su ambicioso programa de estímulo se quedó en menos de la mitad de lo previsto (de 1,8 billones a 8 bn.), insuficiente para marcar una diferencia clara, ya fuese en el éxito o en el fracaso. El resultado es la raquítica recuperación del empleo. Su promesa de una compra masiva de hipotecas fallidas se acabó convirtiendo en un modesto programa de refinanciación que tras cuatro años ha alcanzado tan solo a dos de los nueve millones de familias afectadas. La mayor parte votan en los estados del sur, que Obama ya puede dar por perdidos. Florida, la «zona cero» del desastre inmobiliario, y la circunscripción clave en todas las elecciones, también está en el alero, como Michigan.

Obama ha gestionado bien la crisis. Esto debería ser suficiente para un gobernante, pero puede no serlo para un candidato. Ha acertado en el presente pero se ha equivocado en el futuro, donde había invertido mucha retórica pintando una utopía de economía «verde» e innovación. Solyndra, la empresa de paneles solares que el propio Obama eligió como ejemplo de su visión renovadora, acaba de entrar en concurso de acreedores. General Motors está viva, pero la campaña de Obama se debate entre la vida y la muerte.

Los logros económicos del presidente no son fácilmente visualizables