Human Rights Watch acusó a Damasco de colocar minas antipersona a lo largo de las fronteras con el Líbano y con Turquía, las principales vías usadas por los refugiados para escapar de la violencia. Las minas ya han causado varios heridos entre los civiles, según la oenegé, que cita a testigos y expertos sirios en desminado. La subsecretaria general de la ONU para Asuntos Humanitarios, Valerie Amos, afirmó que la situación en Siria es «trágica» y empeora cada día, por lo que instó a sus miembros a actuar «con rapidez» para detener la crisis. En esa misma línea, el secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, pidió abrir «una investigación internacional imparcial» para verificar las últimas masacres de civiles perpetradas en Siria y castigar a los culpables.