La primera ministra de Australia, Julia Gillard, y el líder de la oposición, Tony Abbot, tuvieron que salir ayer de un acto público en Camberra protegidos por sus guardaespaldas e introducidos a toda velocidad en sus coches oficiales para huir de la ira de doscientos aborígenes y activistas. Los dos políticos quedaron atrapados en el edificio durante unos 30 minutos, después de que los activistas rodearan el restaurante donde tenía lugar el acto, enfurecidos por las declaraciones que horas antes dio el opositor liberal. Esa misma mañana en Sídney, Abbott había propuesto revisar algunas de las concesiones hechas a la comunidad aborigen australiana.
Los desafortunados comentarios de Abbott surgieron el mismo día en que miles de personas en Australia celebraban la creación de la embajada aborigen, el organismo que el jefe de la oposición cree que puede desaparecer porque la situación en el país ha mejorado mucho.
Los manifestantes persiguieron durante un trecho el vehículo de Gillard mientras golpeaban el techo y la parte trasera al tiempo que acusaban a la mandataria de no tener vergüenza y de ser racista, según la emisora de radio ABC. Abbot fue sacado por una entrada lateral del edificio. Su oficina confirmó que Gillard tropezó y perdió un zapato durante el altercado, pero no sufrió daño alguno.