¿Fallo humano o tecnológico?

José M. Muñiz

FIRMAS

15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

El naufragio de uno de esos titanes marítimos que surcan los mares más turísticos en nuestra época es un suceso cuyas causas han de analizarse a la vista de la minuciosa documentación que a buen seguro las autoridades marítimas italianas realizarán en los próximos meses.

La altísima tecnología que normalmente incorporan estos hoteles flotantes es una parte fundamental de su modelo de negocio, ya que sirven un producto fabricado al gusto de las clases medias europeas, acostumbradas a vivir con mínimo riesgo y unas sólidas medidas de seguridad. Uno de los datos que corroborará esta teoría será la inevitable pérdida de valor de mercado de la marca Costa Cruceros y en general de todo el sector de cruceros en relación con otros productos turísticos.

Todos sabemos que la seguridad absoluta no existe, como tampoco la verdad absoluta, y el embarrancamiento en las costas de la isla de Giglio frente a la Toscana hay que situarlo en ese ínfimo porcentaje de riesgo que cualquier actividad humana comporta. Resulta muy difícil que una empresa capaz de transportar tantos pasajeros de ocio ignore cualquier medida preventiva relacionada con la seguridad a bordo. Quien haya visto un buque así y entienda su actividad económica, comprenderá que la fiabilidad de estas maravillas de la ingeniería contemporánea es máxima: están diseñadas y concebidas para no ofrecer sustos de este tipo a sus mercados.

No es momento de aventurar si fue un fallo humano o tecnológico. Algo pasó, y hasta que sepamos lo que fue nos seguirá siendo difícil de comprender que un barco de esta naturaleza y en unas condiciones climatológicas razonables haya podido embarrancar.