El capitán, inculpado por el naufragio

María Signo ROMA / CORRESPONSAL

FIRMAS

STRINGER / ITALY

El crucero impactó contra las rocas por ambos lados al desviarse de su ruta

15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Tres muertos, dos turistas franceses y un tripulante peruano, decenas de heridos y cuarenta desaparecidos es el balance provisional del naufragio del crucero Costa Concordia con 4.229 personas a bordo en aguas de la Toscana italiana. Una pesadilla en la que se vieron involucrados 117 españoles, entre ellos varios gallegos. El embajador español, Alfonso Lucini, confirmó que hay un mallorquín «de más de 80 años» entre los desaparecidos. Otro joven de esa isla tampoco tenía noticias de dos amigos. El resto de los españoles están dispersos por varios hoteles de Roma y Civitavecchia. Mientras, los buzos buscaban anoche en los camarotes hundidos posibles víctimas.

El barco sufrió el impacto contra las rocas a ambos lados del casco en las cercanías de la isla del Giglio alrededor de las diez de la noche del viernes. El capitán se desvió de su ruta, aunque, según un concejal de la isla, Antonio Belardo, el paso por el canal «era habitual para que la población saludase el barco». Las autoridades han detenido al comandante Francesco Schettino, a fin de aclarar lo sucedido. Según la prensa local, la Fiscalía lo acusa de homicidio, naufragio y abandono del barco mientras muchos pasajeros aún se encontraban a bordo.

Precisamente fue un coruñés quien informó al consulado del naufragio. Otros gallegos intentaban ayer descansar en un hotel de Roma a la espera de ser repatriados hoy a España. Llegaron con lo puesto ya que todo el equipaje quedó en el camarote.

La coruñesa Sabela Lameiro Fernández estaba cenando con su pareja en el comedor Roma, cuando empezaron a caer platos, vasos y mesas. Los camareros intentaban parar el estropicio cuando se fue la luz. Cuando esta volvió, el barco se empezó a escorar a estribor. A preguntas de Sabela, la tripulación respondió con un «mantened la calma, no pasa nada». En el otro lado del salón se encontraba un matrimonio ourensano, de Cea, José Virgilio Lorenzo y Asunción Fernández, y su hija, que se habían embarcado en Barcelona. Y muy cerca otro matrimonio ourensanos formado por Alejandro Mínguez e Isabel Mociño.

Todos concuerdan en que los momentos siguientes fueron de confusión y pánico y que el plan de evacuación falló. «Era como en la película Titanic», declararon unos turistas italianos. Nadie sabía lo que pasaba y de los altavoces del barco llegaba el anuncio de que se trataba de un problema eléctrico. «La gente quería salir del barco», cuenta Asunción. «Cuando mi hija fue al camarote a por los chalecos salvavidas, se fue la luz y no pudo coger nada». Fueron de los primeros en alcanzar un bote salvavidas.

«Un bote se nos vino encima»

«Entraban unas 150 personas. Y cuando ya estábamos llenos, un señor se puso a chillar y nos metió a su mujer y a un hijo. Otro susto fue cuando vimos que nos venía encima el otro bote que estaban calando más arriba. Magulló un poco la popa, pero nos salvamos».

Según la prensa, el capitán abandonó el barco cuando parte de los pasajeros, entre ellos medio centenar de niños menores de 6 años, y de la tripulación esperaban a ser evacuados.