El islam amenaza las Maldivas

Prohíben los «spas» y centros de masaje porque son «prostíbulos» y estudian vetar la venta de alcohol y la carne de cerdo


redacción / la voz

Los spas y gabinetes de estética y masajes se acabaron en los hoteles de lujo de las paradisíacas islas Maldivas. Son centros de prostitución, dicen los islamistas, cuya religión es la oficial del Estado.

Y se acabaron porque el Gobierno de las turísticas islas cedió a la presión del partido opositor Adhaalath, un movimiento religioso conservador que la semana pasada protagonizó varias manifestaciones en la capital, Male, poniendo al Gobierno en una situación embarazosa, como dijo un responsable gubernamental. A ese partido se unió una coalición de oenegés y seis partidos políticos opositores para manifestarse contra la acción «antiislámica» del Ejecutivo, aseguró.

El Ministerio de Turismo de este archipiélago situado en el océano Índico, destino preferente del turismo de lujo, de novios, cóctel y playa, ya ha ordenado a todos los hoteles de los islotes coralinos que cierren sus spas y centros estéticos con efecto inmediato.

Divisas extranjeras

Un responsable del lujoso Huvafen Fushi, en el que una habitación con vistas al océano cuesta unos 10.000 euros la noche, indicó ayer que su spa estaba abierto. Y es que un tribunal paralizó la medida para estudiar un recurso presentado precisamente por un complejo hotelero afectado.

Los responsables del sector turístico esperaban no obstante ayer que el Gobierno dé marcha atrás y tenga en cuenta los ingresos que aportan los visitantes, la fuente más importante de divisas y puestos de trabajo. El país acogió este año más de 850.000 turistas, aunque cierto es que los contactos con la población local son escasos.

El partido islamista también reclama medidas como la prohibición del alcohol, menos de una semana después de que el presidente, Mohamed Nasheed, hubiera deseado un islam «tolerante» y pedido a sus 330.000 habitantes rechazar el extremismo y optar por el islam tradicional, más liberal, practicado en las Maldivas desde hace siglos.

Los miles de manifestantes de la semana pasada defendieron la ley islámica, y hasta prohibir los vuelos desde Israel.

«Volviendo a la Edad de Piedra»

El presidente maldivo reaccionó muy enfadado diciendo que el país no se puede desarrollar «volviendo a la Edad de Piedra». Pero su formación, el liberal Partido Democrático Maldivo, no comulgó con él. Su secretario de prensa, Mohamed Zuhair, anunció que el Gobierno tomaría medidas urgentes para complacer a los manifestantes. Incluso, añadió Zuhair, «el Gobierno ha tomado en consideración prohibir la venta de alcohol y carne de cerdo».

La oposición también exige condenar las declaraciones de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, quien se mostró contraria a la sharia durante una visita a las islas.

La incógnita reside ahora en cómo estas medidas afectarán a la industria turística, que el año pasado creció un 20 % y supuso un 35 % del producto interior bruto del pequeño archipiélago. Hay quien apunta a que habrá que mimar el turismo árabe.

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