No solo los islamistas del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) son moderados, también su victoria llega moderada y amortiguada por varios factores. Aparte de que la nueva Constitución mantiene una Cámara alta elegida de forma indirecta y reserva poderes exclusivos al rey, la ley electoral está diseñada para que ningún partido tenga más de un 20 % de los escaños en la Cámara baja, de modo que los Gobiernos, obligados a sustentarse sobre alambicadas coaliciones, no adquieran nunca demasiada fuerza frente al rey.
Tantas precauciones han resultado incluso superfluas en estas elecciones, en las que el voto ha quedado tan fragmentado que el PJD posiblemente no pase del 30?% de los sufragios. Esto los fuerza a aliarse con los partidos tradicionales, lo que a la larga puede perjudicarle, porque el gran atractivo del PJD era, justamente, que se lo consideraba ajeno al Gobierno y a palacio. Y la abstención, muy alta, revela que los islamistas marroquíes no tienen, al menos por ahora, un gran tirón entre las clases más empobrecidas, la base de su éxito en otros países.
No es previsible tampoco que las relaciones bilaterales con España, quizás lo que más interesa al otro lado del Estrecho, cambien gran cosa a partir de este resultado. Al menos por parte marroquí. Ceuta, Melilla y el Sáhara son causas típicamente nacionalistas, propias del partido Istiqlal y de los socialistas, que han perdido fuerza. No es que el PJD piense distinto, pero sus prioridades son otras.
Es más bien en Rabat donde preocupa, y mucho, el cambio de Gobierno en Madrid. En los últimos días, la prensa marroquí no ha dejado de publicar embarazosas apologías del presidente saliente Zapatero («el gran amigo de los marroquíes», lo llama Ajbar al-Youm) y de mostrar su inquietud por la llegada del «hostil» PP («conocido por su política radical hacia Marruecos», dice Al-Massae). Incluso se ha llegado a analizar el hecho de que Gustavo de Arístegui, considerado el único «promarroquí» del PP, fuese excluido de las listas de su partido.
Pero algún medio especula esperanzado con la posibilidad de que se le nombre embajador en Rabat y otros han señalado la presencia del ministro de la Presidencia marroquí, Nizar Baraka, en un mitin del PP en Málaga, como prueba de que Rajoy será «pragmático». La realidad: todo dependerá de la política de gestos y de si surge algún incidente diplomático por una u otra parte.