El divorcio de «Merkozy»

iñaki castro BRUSELAS / COLPISA

INTERNACIONAL

Merkel se hace con el mando de la UE ante la debilidad de Francia

30 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La revista The Economist lo reflejaba con ingenio. En una de sus viñetas aparecía Angela Merkel enfundada en una chupa negra a los mandos de una moto. A su lado, en un sidecar, viajaba Sarkozy. El título de la escena era todavía más elocuente: «La conductora y el pasajero».

Dos años después de que estallara la crisis de la deuda, el doble liderazgo de la UE se difumina cada vez más a favor de Alemania. La fusión entre Merkel y Sarkozy, también conocida como «Merkozy», da paso a la hegemonía germana, a una Europa a la imagen y semejanza de Berlín.

Ambos presidentes encabezan el eje franco-alemán, el histórico motor europeo nacido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Sobre su relación personal se ha escrito hasta el infinito, pero la conclusión es que forman un matrimonio de conveniencia. Ella, hija de un pastor protestante, creció a las afueras de Berlín en la Alemania comunista. Él, descendiente de un aristócrata húngaro, disfrutó de su infancia en una opulenta comuna cercana a París. Merkel es sinónimo de templanza, Sarkozy de ímpetu y energía.

Pese a sus evidentes diferencias, han cultivado la complicidad con el tiempo. En buena medida, como ha sucedido con sus países. Alemania es indiscutiblemente el poder económico, pero carece de la talla política internacional de Francia. Juntos, sin embargo, se complementan y representan el corazón de la UE. El bloque se ha movido siempre a su ritmo, pero la crisis ha alterado el equilibrio de fuerzas en el binomio.

La prueba más clara de que Alemania dirige casi en solitario Europa pudo verse el miércoles, el día D en la crisis de la deuda. Aunque el plan para estabilizar los mercados se aprobó en Bruselas, nada hubiera sido posible sin el Bundestag. Antes de acudir a la capital comunitaria, Merkel tuvo que obtener el permiso del Parlamento para estampar su firma. De hecho, el paquete se podía haber aprobado con anterioridad, pero Europa tuvo que esperar al visto bueno de los diputados germanos.

En la cumbre, la canciller volvió a demostrar quién está al volante. Aunque negoció con Sarkozy la condonación del 50 % de la deuda griega, todo el plan llevaba el sello alemán. En un pulso que duró varios días y amenazó con dinamitar una solución global, el presidente francés se empeñó en exigir una implicación total del BCE. Merkel, firme defensora de la independencia del banco emisor, hizo valer su fuerza y doblegó las tesis francesas.

En estos últimos meses de crisis, muchos se han acordado del triunvirato que sentó la bases de la UE actual. Helmut Kohl, François Miterrand y Jacques Delors, presidente de la Comisión durante diez años, lideraron al continente en los ochenta y buena parte de los noventa con una visión mucho más nítida. En esa época, se puso en marcha el mercado único, la Europa sin fronteras y hasta el programa Erasmus. Sin embargo, su gran logro fue el Tratado de Maastricht.

En una reciente entrevista, Delors lamentaba que el espíritu de aquella época se esté «diluyendo». A su juicio, los países cada vez actúan más movidos por intereses individuales y las instituciones comunes han perdido gran parte de su protagonismo. «El sentimiento de pertenecer a una empresa colectiva está desapareciendo», advertía el exlíder europeo.