CFK, la última mutación peronista

miguel salvatierra MADRID / COLPISA

INTERNACIONAL

23 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Con toda probabilidad, Cristina Fernández de Kirchner (CFK) logrará hoy una rotunda victoria en las elecciones presidenciales. Y lo hará al frente de la última mutación del peronismo: el kirchnerismo, ya casi transformado a su vez en cristinismo. La enésima constatación del carácter camaleónico del movimiento que fundó el mítico general a mediados de los años cuarenta. Desde su origen militar y muy ligado a la nueva clase obrera que afluía del campo a la ciudad, el peronismo ha dado cauce a tantas ideologías y a tantas banderías, en muchos casos contradictorias e incluso opuestas, que ya nadie sabe cómo definirlo.

El llamado kirchnerismo que prolonga Cristina Fernández sigue la tradicional pauta peronista de englobar a progresistas, conservadores y mediopensionistas. Todos caben bajo el benéfico y cálido manto del poder. Y en la intemperie de la oposición también hay dos peronistas, críticos y mal avenidos, que concurren a las presidenciales y que aspiran a la mejor posición posible tras CFK: el incombustible Eduardo Duhalde y el actual gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá.

La paradoja del kirchnerismo

Otra paradoja de estas batallas se da en la provincia de Buenos Aires, la más poblada de Argentina con más de quince millones de habitantes, donde se enfrentarán un kirchnerista conservador, el gobernador Daniel Scioli, y Martín Sabbatella, un kirchnerista progresista, pero no peronista. Estas diferencias entre progresistas y conservadores están presentes también entre los gobernadores de las 15 provincias fieles a la presidenta, de un total de 23.

De confirmarse las encuestas, todos lo que se han atrevido a saltar al ruedo y retar a Cristina Fernández serán víctimas de una victoria arrolladora de la presidenta en primera vuelta con más del 50 % de los votos y con una diferencia sobre su inmediato seguidor de 38 puntos. Va a ser una especie de pelea de enanos con la única aspiración de no ser sepultados políticamente.

Por un distanciado segundo puesto y un magro resultado que apenas aspira a sobrepasar el 20 % se pelearán los dos peronistas críticos, el candidato radical, Ricardo Alfonsín, hijo del expresidente, y el socialista Hermes Binner. Entre ellos parece estar en juego ese segundo puesto de consolación. Binner supone quizá el elemento más innovador de estas aburridas elecciones, aunque adolezca de una mermada proyección de futuro al contar con 68 años.

A favor de la presidenta juega el haber logrado para Argentina el mayor crecimiento económico de Iberoamérica (entre el 7 y el 9 % anual estos últimos cuatro años), y la opinión mayoritaria de que hizo un buen trabajo. Sus éxitos económicos no han ocultado, sin embargo, unos tics autoritarios y demagógicos que la llevaron a un enfrentamiento brutal con los grandes grupos de comunicación argentinos.