No fue el huracán que se esperaba, pero si un susto suficiente como para que la ciudad que nunca duerme perdiera el sueño. La tormenta tropical Irene se hizo sentir con fuerza especialmente en algunas zonas de Nueva York como el barrio del Soho o la zona baja de Manhattan, con inundaciones en las calles y en los subsuelos, edificios dañados y árboles caídos.
Sobre la acera de la calle Washington, un enorme árbol de diez metros tumbado sobre la acera daba cuenta de la voracidad del viento traído por Irene. La tormenta tropical dejó tras de sí daños materiales, aunque ninguna víctima mortal.
En el barrio de Chelsea, los galeristas acudieron ayer impacientes a ver si sus cuadros estaban a salvo después de que el agua alcanzara hasta un metro de altura en algunos locales. Jorge González, encargado de uno de estas galerías, durmió dentro de un garaje para asegurarse que todo iba bien.
«El problema no era solo Irene, sino que Manhattan no está preparada para ningún tipo de eventualidad, porque la ciudad no tiene dinero para nada», afirma González.
La vuelta a casa
Pasada la tormenta y la alarma, los miles de evacuados volvían ayer a sus hogares. Era el caso de Maggy, una neoyorquina de 52 años, que camino a su casa hacía la compra en un supermercado. Una mujer poco convencida de la actuación de su alcalde. «Nos han hecho evacuar y no ha sido nada, yo creo que en realidad esto lo han hecho para que nos lanzáramos a comprar».
En Times Square, un grupo de turistas españoles se quejaban de la exageración de los estadounidenses ante una tormenta que, aseguran, muchos de ellos viven a diario en sus ciudades.
«Nosotras venimos de Salamanca y allí tenemos cosas como estas todos los días», aseguraba Isabel Fernández, a quien Irene pilló de vacaciones en la Gran Manzana con unas amigas.
Lluvias torrenciales y fuertes ráfagas de viento marcaron el ritmo de la noche del sábado al domingo de las vacías calles de Manhattan, una isla que comprime un millón y medio de personas en 59 kilómetros cuadrados y que no afrontaba un fenómeno natural como este desde el paso del huracán Gloria en 1985.