Desde el 2005, Juan Luis Fenollós dirige un proyecto arqueológico de la Universidade da Coruña a orillas del río Éufrates. Tras las revoluciones y las dificultades para viajar al país, se ha visto obligado a suspender la campaña, ha perdido el contacto con parte del equipo y teme por el estado de los yacimientos.
-Tras las revueltas tunecinas, jóvenes de Deera escribieron en una pared con un espray «La gente quiere la caída del régimen». ¿Se imaginaba que sería una de las mechas que encenderían este levantamiento?
-No. Estaba en Siria cuando comenzaron las revueltas de Egipto y lo veía como algo sorprendente; a pesar de todo, dos semanas después comenzaron las protestas. Durante esos días se percibía cierta previsión por parte de las autoridades, había más controles policiales.
-Ha tenido que detener el proyecto arqueológico de Deir ez-Zor. ¿Mantiene el contacto?
-No, normalmente hablábamos por correo electrónico, pero no he recibido respuesta de los últimos mensajes. Hay mucho control de la información, por eso no quiero insistir, ya que podría ponerlos en peligro.
-¿Qué opina de la reciente declaración de la ONU?
-Estoy indignado, más que los indignados. Sufro mucho con lo que está pasando, no me considero sirio pero me une un vínculo muy fuerte con el país.
-¿Y del decreto que autoriza el multipartidismo?
-Es una tomadura de pelo. Una de las cosas que deja clara la Constitución es que todo partido tiene que respetarla: y dice que solo hay un partido prioritario, en este caso Baaz. Esto demuestra que el régimen no sabe cómo salir de la situación.
-¿Cree precisa una intervención internacional como la que se está ejecutando en Libia?
-No, no veo bien una intervención militar, pero como demócrata que soy pienso que debería haber una condena, una solución constructiva.
-¿Ha influido la primavera árabe en estas revueltas?
-Todas las revoluciones han influido, la gente se animó, y aquí el Gobierno jugaba con ventaja. Aunque hay que matizar que en Siria hay una brecha interna que divide a la sociedad en dos, una europeizada y otra más atrasada. Damasco apenas se ha visto afectada, hay gente que se aprovecha económicamente del régimen, mientras que en Deir ez-Zor están viviendo las represiones de forma más agresiva.
-¿Cómo espera encontrar Deir ez-Zor cuando regrese?
-Regresaré el próximo febrero, pero no sé lo que puede pasar. La clave es el mes del ramadán, que es cuando la sociedad se reúne y reflexiona, algo que el régimen intentará evitar provocando una nueva masacre. Si Bashar al Asad supera el ramadán en el poder lo más probable es que la revolución fracase.