La noche sabatina de revuelta, iniciada en una protesta por la muerte de un hombre negro de un disparo de la policía, se saldó con 48 heridos, saqueo de comercios y coches y edificios quemados
08 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La Policía Metropolitana admitía no haber previsto la extrema violencia que se desató en el barrio de Tottenham, en el norte de Londres, el sábado por la noche y que dejó un balance de al menos 48 heridos -entre ellos 26 agentes de policía- y 42 detenidos, así como vehículos, comercios y edificios quemados. Los incidentes de este fin de semana han llevado al recuerdo de los londinenses los disturbios raciales ocurridos en 1985 en el barrio de Brixton.
Lo más sorprendente de estos disturbios fue la falta de anticipación de las autoridades policiales ante un caso que se antojaba como poco problemático, la presencia a eso de las cinco de la tarde, una hora más en España, de un grupo de unos 300 jóvenes manifestándose frente a la comisaría de Tottenham por la muerte el pasado jueves por disparos de la policía de Mark Duggan, un hombre negro de 29 años y padre de cuatro niños.
Su muerte ocurrió en la calle de Ferry Lane, de Tottenham, cuando viajaba en el interior de un taxi al que se le había dado el alto. La comisión independiente de quejas a la policía anunció ayer el inicio de la investigación de este suceso, tras confirmar que la bala que mató a Duggan fue disparada por la policía durante un arresto.
Los manifestantes pedían justicia de una manera pacífica, hasta que, según la versión del comandante de la Policía Metropolitana, Adrian Hanstock, «la manifestación fue secuestrada por un grupo de gamberros, momento en el que la situación se hizo incontrolable, algo que la comunidad local no perdona». Previamente, había tildado de «lamentable» la muerte de Duggan. Hanstock defendió la intervención policial y señaló que mantuvo «una presencia muy digna» en la zona de conflicto, ya que que «no había indicios de que la marcha fuera a ser nada más que una marcha».
A primera hora de la noche comenzaron los disturbios más graves, con el lanzamiento de objetos y cócteles molotov a la sede policial, por lo que esta reclamó refuerzos a otras comisarías cercanas. Para ese momento el número de personas protestando en las calles de Tottenham superaba ya el medio millar, y sus actos eran cada vez más violentos, por lo que acudieron al lugar además agentes antidisturbios. Durante la noche se quemó un autobús urbano de dos pisos, tres vehículos patrulla y varios comercios que habían sido saqueados con anterioridad. En total los bomberos tuvieron que intervenir en 49 incendios distintos y atender más de 250 llamadas de auxilio de vecinos de la zona.
La presencia policial ayer en Tottenham era enorme y aunque durante todo el día reinó la calma, los agentes temían que los disturbios se reprodujeran con la caída de la noche. Mientras los políticos culpaban de los sucesos a «gamberros criminales», los residentes del barrio londinense responsabilizaban de lo sucedido a las tensiones locales raciales y el impacto de la crisis económica.
El Gobierno británico calificó de «absolutamente inaceptables» los disturbios. En un comunicado, Downing Street afirmó que «no existe justificación alguna para las agresiones que sufrieron la policía y la propia población, ni para los cuantiosos daños materiales que se registraron». El Ejecutivo de David Cameron encargó a una comisión independiente una investigación sobre los incidentes.