el helicóptero es la pieza clave de toda la logística militar extranjera en Afganistán. En un terreno tan montañoso y extenso, prácticamente desprovisto de carreteras, no hay otra forma de trasladar tropas de un lugar a otro.
Eso hace del Chinook CH-47 la principal bestia de carga de las fuerzas de la coalición, y explica que sus días más sangrientos en la guerra se correspondan en general con derribos de esta clase de helicópteros. Fue el caso de los dieciocho soldados y mercenarios norteamericanos muertos en el derribo de un CH-47 en abril del 2005, de los 16 que perecieron dos meses después en Kunar en otro incidente idéntico y los siete de mayo del 2007.
A finales del año pasado, el primer ministro británico, David Cameron, suspendía una visita a sus tropas en la provincia de Helmand por temor a ser derribado, y en lo que va de año se sabe de al menos dos ataques con éxito contra CH-47, en agosto y en julio, lo que, con este nuevo incidente, lo convierte en un serio motivo de preocupación para las fuerzas de la coalición.
Y sin embargo, se trata de hechos excepcionales, si se considera la cantidad de vuelos que hacen semanalmente estos aparatos.
Destruirlos no es nada fácil, ni siquiera disponiendo de los cohetes autopropulsados (RPG) que los talibanes utilizan normalmente para este fin. El RPG, en realidad un arma contra-carro, es muy impreciso. Cuando lo emplean, los guerrilleros afganos tienen que acercarse a 100 metros o menos para tener alguna posibilidad de acertar, y aún así solo lo intentan cuando el helicóptero está aterrizando (o despegando, como en este último caso).
Pocas veces lo consiguen, pero ayer lo lograron. El resultado: ha sido el día más mortífero para las fuerzas norteamericanas en casi diez años de conflicto en Afganistán.