Un imperio global de problemas

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Por espectacular que pareciese el cierre fulminante de News of the World, no fue gran cosa para Rupert Murdoch. Después de todo, sus periódicos son poco rentables. Solo son palos en alto para intimidar a los políticos y News of the World ya no podía cumplir su función después de su desprestigio total. Murdoch ya ha mandado comprar el dominio de Internet sunonsudanys.co.uk, lo que indica que más adelante piensa llenar el hueco de su semanario publicando el no menos sensacionalista tabloide The Sun también los domingos.

Mientras tanto, el problema de Murdoch no es la ley criminal, porque va a ser difícil probar su implicación directa en las escuchas ilegales. Su problema es la ley de comunicaciones. Gran Bretaña disfruta (o padece) una casi total desregulación de la prensa (de ahí el fenómeno de los tabloides), pero el negocio de la televisión es, por el contrario, muy estricto, herencia del inicial monopolio de la BBC. Este es el arma que tiene el Estado para castigar a Murdoch. Ya no podrá controlar el poderoso canal satélite BSkyB, y también podría endurecerse la legislación para obligarlo a trocear su imperio. Para muchos diputados ha llegado la hora de la venganza contra un hombre que los ha atormentado durante años y poco podrá hacer el primer ministro Cameron para frenar el clamor popular.

Situación embarazosa

Más grave aún para él es la situación en Estados Unidos. La investigación abierta allí sobre un posible espionaje a las víctimas del 11-S puede que no llegue a mucho, aunque resultará muy embarazosa. Pero si se demuestra que su empresa, que es norteamericana, sobornó a policías, aunque fuese en otro país, el regulador podría suspender sus licencias de emisión. Estas son un tercio del negocio de Murdoch y su cierre daría un vuelco incluso al paisaje político, puesto que obligaría a Murdoch a vender la cadena Fox News, que en muchos sentidos es el centro de la oposición al presidente Obama.

Por eso, el viernes los periódicos de Murdoch publicaban lo que quizá sea el mayor acto de contrición impresa de la historia (?We are sorry?, lo sentimos).

La ironía es que es el propio Rupert Murdoch quien ha convencido a los lectores de que todo lo que se publica en sus periódicos es sórdido y escandaloso, incluida esa excusa.