Sarkozy, presidente global

ESPERANZA SUÁREZ PARÍS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

Inaugura hoy la cumbre del G-8 buscando confirmar su prestigio de hombre de Estado, el que necesita Francia a un año de las elecciones

26 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Nicolas Sarkozy cuenta con las imágenes del G-8 en Deauville para confirmar su posición de hombre de Estado de sólido prestigio internacional, el que necesita Francia a un año de las elecciones presidenciales. Faltará, sin embargo, la foto de los que se perfilaban como los dos grandes rivales de la cita del 2012.

La sombra de Dominique Strauss-Kahn planeará inevitablemente sobre la cumbre que empieza hoy en la localidad normanda, donde el presidente de la República espera hacer pleno y cerrar el acuerdo necesario para que su fiel ministra de Economía, Christine Lagarde, se haga con la dirección del Fondo Monetario Internacional.

Sarkozy está en su mejor momento para ejercer de presidente temporal de los siete países más ricos del planeta más Rusia, cuando hace solo unas semanas su propia mayoría empezaba a cuestionarse en voz alta si sería capaz de validar en las urnas su permanencia en el palacio del Elíseo. Las encuestas no han reflejado aún, sin embargo, un cambio sustancial en la opinión de sus compatriotas.

La última encuesta, la de Ifop para Paris-Macht, indica que un 57% de franceses desean la victoria de la izquierda y que tanto Martine Aubry como François Hollande conseguirían una cómoda victoria para el Partido Socialista si las elecciones se celebraran ahora mismo. El tsunami político del escándalo Strauss-Kahn no pasa factura al PS, pero tampoco refleja las últimas buenas cifras conocidas sobre la evolución de la economía nacional.

Un programa a su medida

De momento, el programa de la cumbre del G-8 está hecho a su medida. Sarkozy, el primero en implicarse activamente en la defensa de la revolución libia, intenta que se acabe de olvidar la indecisión y ambigüedad de su diplomacia en los precedentes de Túnez y Egipto.

La decisión estratégica de los ocho grandes de contribuir a la financiación de las aspiraciones democráticas de los dos países que protagonizaron la llamada primavera árabe le dará la oportunidad de borrar la lamentable imagen de su ex ministra de Exteriores Michelle Alliot-Marie propiciando negocios inmobiliarios de ex dictadores.

La Comisión Europea pondrá sobre la mesa 1.200 millones de euros adicionales que se suman a los 6.000 millones de dólares prometidos por el Banco Mundial. También la solidaridad con Japón dará a Sarkozy la oportunidad de lucirse ante sus invitados y su electorado. Fue el primer jefe de Estado que visitó Tokio en plena crisis de Fukushima y también quien propuso llegar a una respuesta común en defensa de la energía nuclear. El presidente francés, también este año del G-20, pretende que este foro más amplio establezca unos mínimos que podrían empezar a perfilarse hoy mismo.

La foto con Obama

Al margen de la foto de familia, habrá otras. Muy esperada, la de Nicolas Sarkozy con su homólogo estadounidense Barack Obama. Ambos harán sin duda un esfuerzo por relanzar las relaciones bilaterales, empañadas por divergencias en varias cuestiones candentes. Es el caso de la intervención en Libia, donde pueden limarse diferencias de apreciación, o el futuro de la presencia internacional en Afganistán, una política a redefinir tras la muerte de Osama Bin Laden.

Deauville es una ciudad fortaleza desde hace dos días. Sitiada por los controles y con doce mil policías vigilando, sus 15.000 habitantes se dicen resignados a la espera de los 2.500 miembros de delegaciones y de otros tantos periodistas.