La triste suerte de Alí Suleimán

alberto pradilla BENGASI / SERVICIO ESPECIAL

INTERNACIONAL

Los soldados leales al coronel ejecutaron en Ajdabiya a varios rebeldes con las manos atadas a la espalda

17 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

«No somos combatientes, somos civiles. Habíamos ido a casa para recoger algo de ropa y no escuchamos que el Ejército iba a entrar en Ajdabiya».

Alí Suleimán, de 23 años, se recupera en el hospital Jalla, de Bengasi, del disparo que recibió en el muslo el sábado pasado. Los soldados leales a Gadafi apretaron el gatillo cuando el joven trataba de socorrer a su padre, Suleimán Othman. Este fue asesinado en su propia casa de dos únicos tiros, uno en la cabeza y otro en el pecho, cuando intentaba impedir a los militares el acceso a la vivienda, ubicada entre las calles Trípoli y Estambul, en Ajdabiya. «Intentó evitar que entrasen y le dispararon», explica Suleimán, aún con el trauma marcado en su rostro. Junto a él, su hermano Salah, de 22 años, que resultó ileso. En la vivienda también se encontraban sus primos Saife (25 años) y Omar (34), que está desaparecido desde entonces.

«Entraron cinco soldados y nos metieron a todos, incluido el cadáver de mi padre, en la parte trasera de una Pick-Up», relata Salah, que denuncia que el objetivo de los militares era «llevarnos a todos».

Son habituales las historias sobre arrestos masivos cuando las tropas lealistas toman una ciudad. Quienes son detenidos pasan a convertirse en desaparecidos y sus fotografías permanecen en el cuartel general de los rebeldes de la plaza de los juzgados de Bengasi y en los hospitales. Por si alguien pudiese tener noticias sobre ellos. Pero Alí, Salah y Saife tuvieron suerte. Los milicianos irrumpieron en la calle donde estaban retenidos y comenzó un tiroteo. «Los vecinos pudieron ayudarnos a mí y a mi hermano a escapar. También recuperaron el cadáver de mi padre», explica Alí. Su primo Saife huyó por su cuenta.

Atados con cuerdas

Una semana después de la incursión realizada en Ajdabiya por los soldados de Gadafi comienza a hacerse público el balance de víctimas. En total, 11 muertos confirmados por el hospital y otros 13 pendientes de ser certificados, tal y como señala el doctor Khaled Mohammed, uno de los pocos médicos que sigue en el hospital después de que fuese evacuado. Amnistía Internacional ya ha advertido de que durante la ofensiva podrían haberse cometido crímenes de guerra, ya que en el acceso oeste de Ajdabiya, habitualmente controlado por los rebeldes, pero que por unas horas estuvo en manos de gadafistas, aparecieron cadáveres con las manos atadas a la espalda.

Como prueba, Mohammed muestra el único cuerpo que todavía permanece en la morgue. En sus muñecas se mantiene la cuerda con que lo amarraron. El doctor asegura que no es el único caso, aunque el resto fueron trasladados a Bengasi. Lo que no puede precisar es si se trataba de combatientes o de civiles. «La mayoría de fallecidos durante la ofensiva presentaba disparos en la cabeza», asegura, para después añadir que «lo que pretende el régimen es instalar el terror en la población».

Parece que, en parte, lo ha conseguido. Ajdabiya es, a día de hoy, una ciudad fantasma. Las calles permanecen vacías y son muy pocos los vecinos que resisten en el interior de sus domicilios, donde las marcas provocadas por la artillería evidencian la crudeza de los enfrentamientos.