La pesadilla nocturna en Trípoli

alberto masegosa RAS EL JEDIR / EFE

INTERNACIONAL

La calma diurna en la capital libia se torna en disparos al llegar la noche

09 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Trípoli permanece tranquila durante el día, pero al caer la noche se transforma en una ciudad preñada de peligros, donde la gente se enclaustra en sus casas, se oyen disparos y hombres armados patrullan por las calles.

Esta es la descripción de la capital libia que hicieron refugiados de varias nacionalidades que en las últimas horas cruzaron a Túnez huyendo de la guerra civil.

«Por el día no hay problemas, la gente hace su vida normal. Los problemas llegan con la noche, cuando en las calles hay grupos de hombres armados y se escuchan disparos», es el testimonio de Bismún Mohamed, sastre de Bangladés, tras cruzar este paso fronterizo.

Bismún precisó que se desconoce quiénes realizan los disparos, y si lo hacen contra algún blanco concreto, porque «nadie se atreve a salir, nos encerramos en casa escuchando las ráfagas, que a veces continúan ininterrumpidamente durante tres o cuatro horas».

Para el también bangladesí Arib Nurahamad, peón de oficio, «en Trípoli la situación es la habitual mientras hay luz, pero cuando llega la oscuridad es una ciudad que entraña muchos peligros porque se escuchan tiros y la gente tiene miedo a salir».

El sudanés Mohamed Amir, que trabaja como pintor, calificó de normal el panorama que durante el día ofrece la capital libia, y aseguró que en su caso los problemas surgieron en la ruta de huida hacia Ras el Jedid, «cuando las milicias nos quisieron extorsionar». «Nos paraban en la carretera y nos intimidaban. Sí, eran milicias que luchan a favor de Gadafi», explicó.

«La situación es muy difícil. Hace un mes me quedé sin trabajo y desde hace dos semanas Trípoli se ha hecho insegura, por la noche se oyen tiros y nadie sabe quién los dispara», es el testimonio del bangladesí Mohamed Abás, instructor deportivo. El limpiador sudanés Adam Fadel hizo un relato semejante: «La situación es de calma durante las horas de sol, pero a todos nos invade el miedo cuando cae la noche y empiezan los disparos. Nadie sabe quién los hace ni contra quién», dijo.

El tunecino Faridi Islasi, que ha regresado a su país tras 22 días en Trípoli, relató que su principal problema lo ha tenido en el camino de vuelta, también a causa de las milicias de Gadafi. «Me han robado todo, el teléfono y el dinero», afirmó.

El paso fronterizo de Ras el Jedir también lo cruzan libios, la mayoría solo unas horas para visitar a amigos o familiares y hacer compras. Todos llevan en el automóvil la bandera verde que los identifica como partidarios de Gadafi y pocos quieren hablar con los periodistas.

El que se dejó ver ayer fue el propio Gadafi. El líder libio visitó un hotel en Trípoli en el que se alojan los periodistas extranjeros. Vestido con túnica negra y turbante de color ocre, pasó entre los representantes de los medios sin responder preguntas y levantando los puños.

Desde túnez los refugiados rompen el silencio