El rey Mohamed VI aseguró ayer que está «comprometido con la realización de reformas estructurales», en un discurso con motivo del nombramiento del primer Consejo Económico y Social del país, según informó la agencia oficial MAP.
El monarca no se refirió de forma expresa a las protestas que el domingo reclamaron una Constitución democrática en Marruecos, pero citó la creación del citado consejo como un ejemplo de la «dinámica reformadora», según Efe.
Al contrario que en otros países árabes, «Marruecos está acostumbrando a la organización de marchas y manifestaciones que son una cosa normal en el marco de la práctica democrática», destacó Jalid Naciri, ministro de Comunicación y Portavoz gubernamental. Para este, «el Gobierno considera que las reivindicaciones de los manifestantes son comprensibles y legítimas sobre los planos social, económico, político y cultural, siendo integradas en las agendas de la mayor parte de fuerzas políticas del país».
Las declaraciones del ministro de Interior, Tayeb Charkaui, han ido en el mismo sentido que las de Naciri. Para Charkaui, «el buen transcurso de las marchas, que se han llevado a cabo en medio de un clima pacífico y serenidad, son fruto del clima de democracia y libertad que se vive en Marruecos». A pesar de algunos «incidentes aislados», Charkaui valoró positivamente la jornada reivindicativa y la actitud de las fuerzas del orden ante los 37.000 manifestantes que Interior calcula acudieron a la convocatoria del domingo en todo el país. «Los poderes públicos garantizan en Marruecos la libertad de expresión del pueblo», concluyó Charkaui.
«20 de febrero, una lección de democracia», tituló su editorial de ayer el diario oficialista Le Matin. Según este, la marcha del domingo ha supuesto una «lección» para el resto de países árabes y una muestra de «la libertad» de la que goza el pueblo de Marruecos.
Para el oficialista Le Matin, es importante el hecho de que en ningún momento los manifestantes han arremetido contra los «símbolos sagrados» del país (Dios, integridad territorial y rey), siendo sus reivindicaciones fundamentalmente de corte socioeconómico.