Comunicado número uno

Miguel A. MuradoMiguel A. Murado

INTERNACIONAL

Tayan raqam wahad. «Comunicado número 1». Así encabezaba el comité militar egipcio la nota que hizo circular ayer por la tarde, y en la que proclamaba un vago apoyo a las reivindicaciones de los manifestantes. El número en el comunicado es significativo: quiere decir que a partir de ahora habrá más. Es la manera en la que en el mundo árabe se anuncian los golpes de Estado. También significativo: en la reunión en la que se redactó no estaba presente el presidente Mubarak (ni siquiera su foto). Se llegó a rumorear que Mubarak se iría ayer mismo. Pero aunque no haya ocurrido, una cosa es clara: hasta que no entren civiles en el Gobierno, el régimen no habrá caído.

¿Qué es lo que ha empujado al Ejército a actuar? En primer lugar, la manifestación del martes: demostró no solo que la protesta no perdía impulso, sino que además a los manifestantes no les importaban lo más mínimo las negociaciones montadas por el vicepresidente Suleimán con los Hermanos Musulmanes y algunos miembros de la oposición. Que la protesta callejera seguía ganando fuerza propia se demostró aún más claramente el miércoles, cuando la plaza volvió a llenarse sin que hubiese habido siquiera una convocatoria. Con esos precedentes, la perspectiva de hoy, el día en el que El Cairo es ya una manifestación espontánea por naturaleza, inquietaba seriamente a los militares.

El Ejército

Al Ejército también le inquietaba la escalada táctica del núcleo duro de la plaza Tahrir. Convencido de que había conseguido dividir a la oposición, el vicepresidente Omar Suleimán se permitió hablar en tono paternalista a los shabab, los jóvenes de la plaza, aconsejando a sus padres que se los llevasen a casa, y alternando esto con amenazas veladas. Error de cálculo. Los jóvenes del Movimiento 6 de Abril le han respondido extendiendo las protestas al Parlamento y a otros edificios públicos, lo que colocaba a los generales en una posición aún más complicada.

Pero quizá el golpe de gracia a la estrategia de «normalización y arrinconamiento» de Suleimán se lo han dado los sindicatos. Su entrada en liza ha sido siempre decisiva en todas las luchas políticas de la historia de Egipto, casi se podría decir que desde el tiempo de los faraones (entonces se registró la primera huelga de la historia). Huelga en el canal de Suez, huelga en los transportes, paros en los hospitales? La normalización se esfumaba y la protesta puramente política se deslizaba rápidamente hacia la aún más temida revolución social. El Ejército no estaba contento, los empresarios tampoco. En el entorno del poder, las dimisiones, los ceses, las acusaciones mutuas y las deserciones venían a confirmar un viejo axioma: que los sistemas cerrados rara vez son reformables. Si se intenta transformarlos, se deshacen como un azucarillo en el café.

Ahora, habrá que ver qué dice el «Comunicado número 2».

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