El régimen de Mubarak sigue intentando sacudirse de encima a los medios de comunicación que considera incómodos. La primera víctima fue el domingo la cadena catarí Al Yazira, cuyas oficinas fueron cerrada y se le retiraron los permisos a los corresponsales. Agentes vestidos de paisano irrumpieron también el domingo en la sede de la empresa española Oberon, para evitar la cobertura vía satélite a las televisiones internacionales. Ayer, seis periodistas de ese mismo canal en inglés fueron puestos en libertad tras haber sido detenidos varias horas en El Cairo, y su cámara, confiscada. El portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Philip Crowley, había reclamado su liberación, además de expresar su preocupación por la prohibición a la cadena catarí en Egipto. También ayer, dos periodistas de la televisión pública polaca (TVP) fueron detenidos unas horas en la región turística de Hurgada.