Una cosa está clara en el conflicto electoral de Costa de Marfil: que la comunidad internacional ha tomado partido por el opositor Ouattara frente al presidente Laurent Gbagbo. El delegado de la ONU no cree que haya habido fraude electoral, como denuncia Gbagbo, que ha perdido. Pero no parece que eso sea lo esencial. Lo que ocurre es que la ONU y la Unión Africana ven con alarma como la violencia poselectoral se está convirtiendo en un hábito en África.
En el 2007 sucedió en Kenia y en Zimbabue, y más recientemente en Guinea; y se teme que vuelva a pasar en Ruanda, donde la oposición ya ha anunciado que boicoteará los próximos comicios. Sobre todo preocupa lo que pueda suceder en las inminentes elecciones de Nigeria, el país más importante de África occidental. Costa de Marfil es un vecino y podría ser un mal ejemplo. Esto ha llevado a una curiosa paradoja: de lo que se trata es de que, en general, se acepten los resultados de las elecciones, no tanto de que estas sean limpias.
Se abren ahora varias alternativas posibles: si la ONU consigue poner a salvo a Ouattara, podría imponer sanciones a Costa de Marfil, con las catastróficas consecuencias que esto va a suponer para su economía dependiente del cacao y del café. También se podría reconocer a Ouattara como presidente en el exilio, pero esto podría llevar a una nueva guerra entre el norte musulmán, que lo apoya, y el sur cristiano, favorable a Gbagbo.
Una intervención internacional armada no es imposible: se hizo en Sierra Leona en 1997 y en las Comores hace dos años. Por eso, Gbagbo se ha apresurado a pedir la expulsión de los cascos azules. Esta semana sabremos si la ONU y la UA deciden intervenir.
El riesgo de incendiar la región es grande: Sierra Leona y Liberia son muy inestables, y Nigeria está en un momento delicado. Quizá es por lo poco apetecible de estas soluciones por lo que las declaraciones están siendo tan duras. Lo más fácil sería que Gbagbo se fuese. De no hacerlo, la alternativa más realista sería un acuerdo para compartir el poder. Es lo que se ha hecho en Kenia, en Zimbabue... Es lo que se había hecho ya en Costa de Marfil. No suele funcionar a largo plazo, pero se sale del paso.