«Una de las cosas que no se comprende bien es cómo comienza el genocidio. Se dice que es por conflictos étnicos, grandes odios que salen a la superficie o por la pobreza, pero hay que saber que son los líderes políticos los que toman la decisión de iniciar una campaña de eliminacionismo», explica. «Estas decisiones nunca las tendrían que tomar y siempre podrían adoptar otras», añade. «Sabiendo esto, podemos cambiar sus planes para que vean que no les es rentable tomar esas decisiones», concluye.
«Se piensa que a los perpetradores se les fuerza o matan porque son obedientes, pero al oírlos queda claro que creen que hacen lo correcto, o sea que consienten en ser asesinos en masa e incluso a menudo hacen más de lo que se les pide contra las víctimas, se ensañan, las torturan y las denigran innecesariamente porque tienen muchos prejuicios y mucho odio», asegura. «Esto es cierto para los perpetradores alemanes del Holocausto, los hutus que mataron a los tutsis en Ruanda o los serbios. Se da en todos los asesinatos en masa: ven a sus víctimas como cucarachas, serpientes, cerdos, como seres infrahumanos, y se lo creen», asegura.
Recuerda que tuvo un cara a cara con Efraín Ríos Montt, el golpista guatemalteco cerebro del asesinato de 200.000 mayas en los años ochenta, contra el que se sigue una causa en la Audiencia Nacional. «Le pregunté en el Congreso de su país si se sentía responsable y me dijo que si lo fuera estaría en la cárcel y que no iría a España a ser juzgado. Era como estar en el Bundestag entrevistando a Hitler. Fue surrealista y horroroso. Para los mayas, es el Hitler de Guatemala. No solo es trágico para las víctimas, sino muy malo para el mundo que esté libre».