Leche y dos cucharadas de atún

Marcela Valente BUENOS AIRES/COPISA.

INTERNACIONAL

Raciones mínimas de comida cada dos días y la rutina impuesta por el capataz permitieron a los mineros atrapados en Chile sobrevivir durante diecisiete días

25 ago 2010 . Actualizado a las 02:42 h.

Dos cucharadas de atún en conserva y medio vaso de leche cada 48 horas. Galletas y duraznos, una variedad de melocotón, racionados con un patrón similar. Así sobrevivieron los 33 mineros atrapados en el yacimiento San José, del norte de Chile, durante los 17 días que permanecieron desaparecidos bajo tierra. Los responsables de la larga operación de rescate, se estima que tardarán al menos tres meses en salir a la superficie, les han hecho llegar ya agua enriquecida y oxígeno a través de una sonda. Es lo que los expertos recomiendan en estos casos. Pero ellos tienen otras urgencias.

Quieren cepillos de dientes, desodorante, gotas para los ojos, irritados por el polvo, comida y ya puestos también cerveza. Salvo los síntomas obvios provocados por el hambre, todos ellos están bien. No hay heridos ni enfermos. El oxígeno, que empieza a llegar hasta su refugio a 700 metros de profundidad, se hace necesario porque el habitáculo carece de ventilación, lo que les obliga a moverse por las galerías para respirar.

La cerveza, denegada

La cerveza, por supuesto, les fue denegada y los alimentos sólidos deberán esperar hasta que estén mejor hidratados. El Ministerio de Salud cuenta con el asesoramiento de expertos de la NASA y del cuerpo de submarinos de la Armada chilena para diseñar una dieta hasta que vuelvan a la superficie.

Los responsables del rescate ya han conseguido abrir tres conductos de conexión. Por uno van alimentos y medicinas, por otro se comunican con los mineros y un tercero es para la ventilación del refugio, que fue abierto ayer.

Ante la complejidad de la operación, el ministro de Minería quiso ser franco y les explicó que deberán permanecer bajo tierra al menos dos meses más. «Podemos aguantar más que eso», desafió el portavoz de los mineros, el jefe de turno Luis Urzúa, con la ya proverbial entereza que caracteriza a estos trabajadores. La perforadora encargada de horadar la vía de salida trabaja desde el lunes. La máquina avanza unos 15 metros diarios. En principio, abrirá un pozo de 35 centímetros de diámetro que posteriormente se ensanchará hasta los 75.

La escalera que no estaba

Tras el accidente del jueves 5 de agosto, los trabajadores intentaron escapar por la chimenea de ventilación, la salida de evacuación en caso de derrumbe, pero carecía de escalera. El sábado, esa vía quedó bloqueada debido a un desplome provocado en el primer intento de rescate desde el exterior.

La resolución del 2008, que autorizó la reapertura de la mina tras un accidente, tenía como requisito de seguridad instalar una escala en la chimenea de ventilación. Pero los propietarios hicieron caso omiso.

El altruismo de los mineros contrasta con las miserias de los dueños de la mina. Los empresarios eluden responsabilidades, dicen que si los operarios sobreviven es porque había condiciones de seguridad y advierten de que podrían no pagar sus salarios porque la explotación está inactiva. El Gobierno los tildó de «impresentables» y tachó de «desfachatez» su amago de no pagar los sueldos. En una oración ecuménica desde Santiago, el presidente Sebastián Piñera prometió que los mineros «van a estar con nosotros para Navidad y Año Nuevo». Es el tiempo que se prolongará la labor de la perforadora.

Los mineros comenzaron ayer a recibir cartas de sus familiares, con lo cual se les quiere inyectar ánimo. Por recomendación del equipo de psicólogos, los mineros no tendrán de momento comunicación directa por el intercomunicador.

«Te quisimos mandar una pelota, pero no pasa por la sonda», le dijo Carolina a su padre, Franklin Lobos, ex futbolista chileno.