El suicidio de un boxeador, emblema del régimen, tras asesinar a su esposa abre un debate sobre la Justicia en Venezuela
21 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Aunque cada vez hay más enigmas sobre los días finales de Edwin Valero, el campeón mundial del peso ligero, una certeza empieza a abrirse paso: el suicidio del boxeador venezolano, apenas 24 horas después de que asesinara a su esposa, Yenifer Vieira, pudo haberse evitado. Pero alguien, desde el poder, prefirió mantener libre a un hombre que era una bomba de tiempo ambulante, sumido en un infierno de cocaína y alcohol.
Y es que Valero vivió el último mes de su vida esperando un viaje a Cuba para una rehabilitación que nunca llegó, mientras el tribunal que llevaba el caso de violencia doméstica contra su mujer y la Fiscalía General de la República se reprochan mutuamente haberlo dejado en libertad. La sospecha general en Venezuela es que la mano de la política tuvo mucho que ver con la decisión.
Valero, apodado el Inca, era un deportista famoso. Invicto, había ganado por k.o. 27 de sus 28 combates. Pero además era conocido por su afiliación al proyecto político del presidente Hugo Chávez. Se tatuó su rostro en el pecho, su bata y pantaloncillos tenían la foto del jefe de la revolución bolivariana y, al menos dos veces, estuvo en el programa televisivo que Chávez transmite los domingos. Era un emblema del régimen.
El 25 de marzo, Valero fue detenido en su natal Mérida, al suroeste de Caracas, luego de que Yenifer, de 24 años y madre de los dos hijos del boxeador, de ocho y cinco años, fuera internada con un pulmón perforado y severas luxaciones en una clínica de esa ciudad. No era la primera vez. El Inca venía siendo acusado de maltratos desde el 2007. Si su esposa hubiera presentado denuncia, el boxeador debería haber quedado preso a la espera de un juicio que podía representar una prisión de diez años.
Medidas cautelares
En cambio, la Fiscalía solicitó medidas cautelares, el Tribunal 25 de Control de Mérida las concedió y el gobernador del estado de Vargas, Jorge García Carneiro (militar como Chávez, y uno de sus aliados más cercanos) se hizo garante de promover un viaje a Cuba, donde Valero trataría sus adicciones al alcohol y a la cocaína, que confesó como descargo de la paliza que propinó a Yenifer. Pero esta rechazó, como hizo en dos oportunidades previas, acusar al boxeador y señaló que sus lesiones se las hizo al caer de una escalera.
Abril fue demencial y fatal para los Valero. El Inca chocó su lujoso BMW en un grave accidente y se fugó; también escapó de un hospital psiquiátrico en el que fue internado y permaneció solo dos días; finalmente, bajo amenaza, se llevó a Yenifer desde Mérida a Caracas, desde donde finalmente viajaría a La Habana.
Antes de morir declaró a la policía que en el trayecto de diez horas consumió una botella de vodka y abundante cocaína. Con delirio de persecución, se hospedó en el hotel Intercontinental de Valencia, a menos de dos horas de la capital. Una hora después de registrarse bajó a la recepción y, bañado en sangre, dijo: «Acabo de matar a mi esposa». La golpeó y la degolló con un bisturí. Fue detenido, y apenas 24 horas después, se ahorcó con el pantalón que le dieron en el recinto policial de la capital de Carabobo.
Ahora, la Fiscalía acusa al tribunal de que no ordenó prisión al boxeador, mientras el juez Heriberto Peña señaló que atendió a la solicitud de la Fiscalía de otorgar medidas cautelares. Abogados opositores al régimen afirman que en la Justicia venezolana hay dos raseros, y desde los medios oficialistas señalan que la oposición aprovecha el caso para sacar provecho político. La policía de Carabobo, estado opositor, será investigada por permitirle a Valero matarse. García aún no se ha manifestado sobre el caso.
El incidente ha puesto de manifiesto la violencia machista en Venezuela, problema que queda sepultado por otros más graves. Cada año hay 1.500 denuncias de ataques contra mujeres por sus parejas, y uno de cada dos casos resulta en lesiones severas o muerte, según oenegés que estudian el asunto.