A veces, los incidentes diplomáticos son eso, incidentes; pero otras están cuidadosamente programados, como en el caso de la creciente tensión entre Estados Unidos y China. Como suele suceder, el lenguaje diplomático no expresa la realidad sino que la disimula, y así, donde dice «Taiwán», «Dalái Lama» y «Google», hay que leer «Irán» y «comercio».
La Casa Blanca está irritada por la negativa de Pekín a dejar que se le impongan nuevas sanciones a Irán, lo que deja a los norteamericanos en muy mala posición. Pero sobre todo, son los últimos datos económicos de China lo que preocupa en Washington. En pocas palabras: el mundo está saliendo de la recesión arrastrado por la locomotora china, lo cual es bueno porque China es la que compra la deuda de Estados Unidos, pero es malo porque ese crecimiento se hace a costa del mercado de EE.?UU. y la UE.
Manual no escrito
El manual no escrito de los presidentes dice que en estos casos es conveniente buscar una excusa para iniciar una guerra comercial, el mejor sustituto del proteccionismo. Y es en este contexto en el que hay que ver el asunto Google, que poco tiene que ver con la libertad de expresión o de comercio (la empresa colaboraba y seguirá colaborando con la censura china), pero sirve como un detonador oportuno.
Lo mismo se puede decir de la venta de armas a Taiwán o de la visita del Dalái Lama. El monje tenía cerradas las puertas de la Casa Blanca el año pasado y las armas que se quieren vender a Taiwán no son ninguna amenaza para China. Pero, para el desencuentro que se avecina, los dos países necesitan hacer acopio de agravios.