La polémica sobre el escáner corporal eclipsa el pacto entre la UE y EE.UU.

Melchor Saiz-Pardo

INTERNACIONAL

Ambas partes ponen en marcha un marco común para reforzar la seguridad aérea tras el fallido ataque de Detroit

22 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

No hubo acuerdo, pero es que ni siquiera se acercaron un poco las posiciones. Los escáneres corporales no estaban en el orden del día de la cumbre de Toledo de ministros del Interior de la UE, pero aun ausentes del programa dividieron todavía más a los Veintisiete, incapaces de hablar con una sola voz sobre el asunto. La tensión fue tal que el vicepresidente de la Comisión Europea, el francés Jacques Barrot, tuvo que llamar al orden muy irritado. «¡No se obsesionen con los escáneres!», clamó en presencia del anfitrión, Alfredo Pérez Rubalcaba, y de la estrella invitada al encuentro, la secretaria de Seguridad Interior de EE.?UU., Janet Napolitano.

El enfado de Barrot en la cumbre tenía su razón. La polémica eclipsó el primer tanto de la presidencia española de la UE: conseguir que los ministros europeos y el alto cargo de la Administración Obama estampasen ayer su firma en la primera resolución conjunta trasatlántica en materia antiterrorista. El ya conocido como Acuerdo de Toledo, marcado todavía por el atentado fallido del día de Navidad contra el vuelo a Detroit, se fija como prioridad mejorar la seguridad aérea en ambos continentes por todos los medios tecnológicos disponibles.

En el texto del Consejo informal de Justicia e Interior -una declaración de intenciones en realidad- europeos y norteamericanos reconocen que «comparten la responsabilidad de evitar que los terroristas ejecuten, planifiquen y apoyen operaciones dirigidas a causar daño», en particular al «ámbito de la aviación civil».

Blindaje de la seguridad

La UE y EE.?UU. se marcan como objetivos estrechar la colaboración para «identificar» a todas las personas y «sustancias» que «representen un riesgo para la seguridad» aérea. Para ello, apuestan por la mejora de la seguridad de los documentos de viaje, de las inspecciones de los viajeros y el uso de «tecnologías avanzadas». Pero eso sí, ni una mención concreta a los escáneres corporales.

Una cuestión que, según Rubalcaba, no estaba encima de la mesa en Toledo porque la utilización de esta tecnología compete también a los responsables de Justicia y Transportes de la Unión. Por su parte, Barrot prometió que la Comisión Europea ya ha dado órdenes para acelerar el informe sobre la utilización de esta herramienta y que valorará tanto su eficacia como las consecuencias para la salud y el respeto de la privacidad.

Napolitano, convidada de piedra a la polémica, aseguró tajante que Washington no solo tiene la determinación de usarlos, sino que apuesta de manera clara por extender su uso. «Los escáneres corporales -apuntó- son una posibilidad por la que ha apostado Estados Unidos, que ya dispone de 40 en los aeropuertos y el año que viene va a incorporar hasta 450». «Pero no buscamos un enfoque comunitario sobre ellos. EE.?UU. no exige nada a nadie», quiso dejar claro Napolitano, temerosa de que la polémica entre los socios europeos acabará por salpicarlo.

Listado de pasajeros

Barrot aprovechó las aguas revueltas de la reunión para volver a la carga y sumar apoyos a su proyecto de poner en marcha una PNR europea -un registro de nombre de pasajeros que las aerolíneas estarán obligadas a facilitar a las autoridades del país de destino.

Estos listados, que ya en el 2007 tuvieron la oposición de varios miembros de la UE que alegaron la violación de la intimidad, son ya obligatorios para vuelos con destino a Estados Unidos, pero no están en marcha en viajes dentro de Europa.

El vicepresidente de la Comisión se mostró seguro de que las nuevas normas de decisión del Tratado de Lisboa permitirán en breve aprobar las PNR.