Seísmo al margen, la jornada se caracterizó una vez más por las penalidades para atender a los heridos, la lucha contra reloj para rescatar a posibles supervivientes, los saqueos y la organización de la convivencia de las 370.000 personas alojadas en unas 300 campamentos.
Los heridos siguen llegando a los abarrotados centros médicos, donde las amputaciones son el pan de cada día. Ocho hospitales, la mitad de ellos de campaña, están funcionando en Puerto Príncipe, pero son insuficientes y, según Médicos sin Fronteras, no tienen siquiera vendas.
En las calles los saqueos continúan, así como la tensión entre la policía local y los ladrones. «Cuando me den de comer dejaré de robar», dice, desafiante, Vicent, un fornido joven enmascarado que se adentra sin miedo entre las ruinas de un banco con la esperanza de salir con un tesoro.
En medio de este panorama, la ONU ha puesto en marcha el proceso de reconstrucción de Haití con el lanzamiento de un programa de empleo, con el fin de revivir la actividad económica y evitar que la desesperación desestabilice aún más el país. Prevé la contratación de 400 personas para realizar tareas de desescombro y reparación de infraestructura en la zona de Carrefour-Feuilles