Obama, atrapado en la guerra afgana

Tatiana López

INTERNACIONAL

El presidente perfiló ayer con miembros del Congreso la nueva estrategia en el país asiático, mientras Gates exige a los militares que no hagan públicas sus opiniones

07 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ocho años después de la invasión de Afganistán, la guerra contra los talibanes sigue siendo un callejón sin salida para el Gobierno de Estados Unidos. Un punto muerto que estos días amenaza con convertirse en la peor pesadilla del presidente Barack Obama, dividido en estos momentos entre seguir los consejos de quienes apuestan por un refuerzo de las tropas en el país asiático y aquellos que creen que la solución pasa por centrarse en la persecución de los líderes de Al Qaida en sus refugios en Pakistán.

En el primero de estos bandos se sitúan ahora mismo tanto la secretaria de Estado, Hillary Clinton, como el general en Afganistán, Staleny McChrystal, y cuyo informe pidiendo más refuerzos de tropas a la Casa Blanca encendió la polémica tras haber sido filtrada al periódico The Washington Post .

Indiscreciones

Esta indiscreción le valió al general un llamamiento al orden el viernes por parte del presidente durante una reunión de 25 minutos durante su fulgurante viaje a Copenhague. También la reprimenda pública del secretario de Defensa, Robert Gates, que recordó ayer que «los militares tienen siempre la obligación de ser discretos en sus opiniones», por lo que los llamó a abstenerse de valorar públicamente la política de Washington

Precisamente Gates es uno de los principales defensores de la segunda postura en juego en este conflicto, la que rechaza un incremento de las tropas y recomienda centrar los esfuerzos en la lucha contra la red de Osama Bin Laden. Esta estrategia, defendida también por el vicepresidente, Joe Biden, se fundamente en que, pese al envío de 21.000 soldados a principios de año, la violencia no ha dejado de crecer en Afganistán.

La espiral de metralla que deja muertos a diario añade urgencia a la decisión de Obama, quien, sin embargo, ayer insistió en que no tomará una decisión «sin tener todas las cartas sobre la mesa».

Unas horas después, el presidente recibía a los líderes del Congreso dentro de la ronda de intensas consultas para delinear la estrategia. Hoy, aniversario del inicio de la guerra, se reunirá por tercera con el equipo de Seguridad Nacional.

La opción de enviar más tropas a Afganistán no es una salida fácil para el presidente. Con más del 58% de la población estadounidense en contra de continuar la guerra, la oposición a enviar un refuerzo se encuentra en las filas demócratas, lo que podría obligar a Obama a tener que pactar con los republicanos si quiere seguir el consejo de McChrystal.

Precisamente el pasado lunes unos veinte representantes del ala izquierda de los demócratas presentaron un proyecto de ley destinado a prohibir nuevas partidas para una ampliación del despliegue estadounidense.

Por último, ni siquiera la retirada se presenta como opción viable en un país que, según Gates, «representa la yihad actual y ya obligó a los rusos a marcharse tras diez años de conflicto».

Críticas a Brown

Fuera de Estados Unidos, la guerra de Afganistán consiguió ayer crearle más dolores de cabeza al primer ministro británico, Gordon Brown. Ayer, el general Richard Dannatt, que hasta el pasado septiembre era el jefe del Estado Mayor británico, acusó de «haber obligado a los militares a luchar con un brazo atado a la espalda» por no haber sido enviados dos mil soldados a la provincia afgana de Helmand.