Posponen en Ohio la ejecución de un condenado al no poder meter en vena el cóctel letal
INTERNACIONAL
Durante dos horas los verdugos del corredor de la muerte de Ohio hurgaron infructuosamente en las venas de Romell Broom para introducirle un cóctel letal, pero no lo lograron. Los testigos relataron que al cabo de una hora el propio preso intentó ayudarlos entre sollozos. Al final su abogada logró que la ejecución se posponga una semana por la «inusual crueldad» que supone.
El caso ha hecho tambalearse la aplicación de la pena de muerte en un estado que con este ha pasado ya por tres casos parecidos en los últimos tres años, pero Broom es el único que tendrá que enfrentarse dos veces al trance de la ejecución. Algo que su abogada y grupos de derechos humanos tratarán de impedir con una apelación al Supremo que ya está en marcha.
No es que el crimen por el que se le condenó deje dudas ante la ley. Broom secuestró, violó y asesinó a una niña de 14 años en 1984. Su ejecución se había retrasado ya durante cuatro horas por una apelación que fue denegada.
Eran las dos de la tarde del martes cuando los sanitarios comenzaron a buscarle la vena para introducir un catéter por el que deslizar las tres inyecciones letales. La evaluación previa no detectó ningún problema, pero una vez sobre ella la vena se resistió. El equipo logró introducir el catéter después de que el preso se girara sobre el hombro, despegase el esparadrapo y empezara a flexionar el brazo y a cerrar el puño. Con todo, no lograron insertar la solución salina de prueba.
«Broom se giró sobre la espalda y se cubrió la cara con las dos manos», contó un testigo. «Su torso se agitó de arriba a abajo y sus pies empezaron a temblar». Los siguientes intentos en las venas de las piernas provocaron muecas de dolor en el reo, mientras uno de los enfermeros lo reconfortaba con palmaditas en la espalda.
Ejecución del francotirador
John Allen Mohamed, el francotirador que sembró el terror en el este de EE.?UU., será ejecutado en Virginia el 10 de noviembre. Este veterano de la guerra del Golfo convertido al islam fue el cerebro de una serie de 13 tiroteos perpetrados al azar en Virginia, Washington, Maryland y Alabama, que provocaron la muerte de 10 personas en octubre del 2002.