La cumbre del G-8 en L'Aquila concluyó ayer con el anuncio de un paquete de 20.000 millones de dólares para apoyar la producción de alimentos en un mundo que por primera vez tiene más de mil millones de personas con hambre -100 millones más que hace un año- a causa de la crisis.
Esa medida significa un cambio de enfoque respecto a las estrategias anteriores para combatir el hambre, basadas en la ayuda alimentaria directa. Ahora serán al desarrollo agrícola.
España aumentará sus ayudas a los programas de nutrición, sobre todo infantil. Así lo anunció ayer José Luis Rodríguez Zapatero durante la apertura de la reunión sobre seguridad alimentaria. Serán 500 millones de euros en los próximos cinco años, que se unirán a los mil millones ya anunciados en el mes de enero.
El aumento en las donaciones -se preveían 15.000 millones de euros- se hizo después de la intervención de Obama, que mencionó sus vínculos familiares con África -su padre es de origen keniano- para subrayar la importancia de la seguridad alimentaria.
En rueda de prensa, Zapatero comentó que con su presencia en L'Aquila se consolida el proceso del Gobierno español de ayuda al desarrollo y a la seguridad alimentaria, tanto en Latinoamérica como en África.
Para Zapatero, la reunión supone un paso adelante en la tarea de terminar con el hambre. Con las ayudas ofrecidas, España se pone a la cabeza de los países solidarios. Además, el Gobierno, con una aportación al desarrollo de un 0,45% en el 2009, se dirige ahora hacia la meta de aportar el 0,7% de su PIB en el 2012.
Sobre las últimas propuestas de una posible ampliación del G-8, Zapatero apostó ayer por la permanencia de España en el grupo de las potencias que deben liderar la agenda internacional, al margen de que se trate del G-8, el G-14 o el G-20, y aseguró que seguirá trabajando para consolidar esa posición.
Aún así se posicionó por el formato de 20 participantes, un foro en el que ha participado en las últimas ocasiones. «Ha llegado la hora de España», señaló Rodríguez Zapatero. Y expresó su convencimiento de que España debe estar de forma activa en la definición de las estrategias mundiales, porque «es la octava o novena potencia económica» y por su «proyección exterior tan importante» en la lucha por el desarrollo de los países más desfavorecidos.
Con anterioridad, Zapatero mantuvo varias reuniones bilaterales. Una con el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende, con el que comentó los objetivos de la presidencia española de la UE en el 2010, como son reforzar el liderazgo de Europa para afrontar la crisis económica, en el cambio climático y en la seguridad alimentaria. Para Zapatero, esta debe ser la presidencia de la recuperación económica, con una política fuerte para llevar adelante los retos y desafíos del Tratado de Lisboa.
La reunión con el ruso Dmitri Medvédev se realizó a puerta cerrada. Este le comentó sus impresiones sobre la visita de Obama a Moscú, en la que se llegó a importantes acuerdos. Zapatero insistió en reforzar lazos con Rusia, sobre todo durante la presidencia de la UE.