Hace 46 años, el entonces presidente de Honduras fue depuesto en circunstancias semejantes a las que ahora rodean a Zelaya
06 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hace casi medio siglo, el presidente de Honduras, acusado de violar la Constitución y de permitir una presunta «infiltración comunista», fue sorprendido de madrugada por las Fuerzas Armadas y trasladado a Costa Rica. Fue en 1963. Cuarenta y seis años más tarde, Manuel Zelaya fue depuesto de la misma forma y trasladado al mismo país vecino, el único sin Ejército en todo el continente.
En 1963 dirigía el Gobierno Ramón Villeda Morales, un liberal reformista lejano al comunismo, pero que avanzó en una serie de reformas a favor de campesinos y trabajadores: la Seguridad Social, un código de trabajo. Los militares además suspendieron las elecciones y se llevaron también a Costa Rica al favorito, Modesto Rodas Álvarez, que en plena campaña había prometido «poner en su lugar» a los uniformados. Los golpistas abolieron la Constitución que habían prometido defender y se quedaron con la presidencia. El golpe fue sangriento.
El cabecilla del nuevo régimen fue el general Oswaldo López Arellano. Al principio, la dictadura fue rechazada por Washington, pero la reconoció un año después. Honduras era entonces el estereotipo de república bananera, como se llamaba a los países de Centroamérica sometidos a los intereses de empresas de países ricos. La sociedad se constituía por una mayoría de campesinos, una élite de terratenientes y militares, y una minúscula clase media. Los Gobiernos eran supervisados por las Fuerzas Armadas.
Poco ha cambiado desde entonces. En 1982 los golpes habían cesado, pero no así la influencia de los militares, siempre con Estados Unidos detrás, amparado en un acuerdo de cooperación militar firmado a finales de los cincuenta. En los ochenta, el Pentágono puso un pie en Honduras con la base aérea de Soto Cano.
Esta semana, la Administración Obama dictaminó una pausa en la cooperación militar, pero allí siguen desplegados unos seiscientos militares estadounidenses. La base fue construida durante el Gobierno de Roberto Suazo Córdoba, un presidente que permitió a Washington utilizar su país como campo de maniobras de los opositores a la Nicaragua del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que derrocó la dictadura de Anastasio Somoza.
En ese período, el embajador de Washington en Tegucigalpa era John Negroponte, acusado de promover un batallón que secuestró, torturó y asesinó a centenares de izquierdistas de Nicaragua y El Salvador. Negroponte fue posteriormente subsecretario de Estado con George W. Bush.