Que en Estados Unidos no se viven buenos tiempos es una verdad innegable. En los últimos tres meses la economía se ha desplomado, millones de personas han perdido sus hogares y otros se han quedado sin empleo. Sin embargo, tan solo una cosa parece resistir el pesimismo del país: la popularidad de su presidente. Algo que no ocurría desde los tiempos de John F. Kennedy.
El sondeo para la agencia Reuters le da un 65% de apoyo popular a Obama, pero The New York Times lo eleva hasta el 68% y The Washington Post hasta el 69%. La media de todas las encuestas, realizada por la web Real Clear Politics, cifra la aceptación en el 62%. El porcentaje está muy por encima del 52% que obtuvo George W. Bush en su día.
Y es que, aunque en EE.?UU. es habitual que los presidentes obtengan buenos resultados en sus primeros cien días de mandato, lo cierto es que el apoyo logrado por Obama no se recordaba en la Casa Blanca desde mediados de los años cincuenta, cuando John F. Kennedy alcanzó un 83%, mientras Dwight D. Eisenhower rozó el 72%.
«Estamos sin duda ante un presidente con liderazgo nato», publicaba también ayer el periódico The New York Times, que añadía además que por primera vez en la historia dos tercios de la población creen que las barreras raciales han desaparecido gracias a la victoria de Obama.
El triunfo de Michelle
Pero si la situación de Barack Obama es buena, la de su esposa, Michelle, quien en el período de campaña llegó a ser comparada con una terrorista de los Panteras Negras, es todavía mejor.
Con un 79% de la población rendida ante los encantos de la primera dama, atrás parecen quedar los tiempos en que el físico imponente de esta licenciada en la Universidad de Harvard, su discurso claro y sin artificios y su empeño por retratar a su marido como un hombre corriente le valieron la antipatía el electorado.
Es más, el llamado savoir faire de Michelle es ahora capaz de traspasar las líneas ideológicas con cerca de 94% de los demócratas rindiéndose a sus pies, mientras que el 67% le profesan buenos sentimientos.
Sobre cómo Michelle habría conseguido abrirse paso en los corazones de los estadounidenses existen muchas teorías, aunque casi todas apuntan a la agresiva campaña mediática que tanto ella como su marido han desarrollado en los dos últimos meses y que los ha llevado desde la portada de la revista People hasta el espectáculo de Jay Leno.