El Dalái Lama acusa a Pekín de haber convertido el Tíbet en un infierno durante los últimos 50 años

Pratap Chakravarty

INTERNACIONAL

11 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El Dalái Lama acusó ayer a China de haber convertido el Tíbet en un «infierno» y de haber matado a «cientos de miles de tibetanos», al cumplirse el 50.º aniversario de la insurrección que llevó al líder espiritual a exiliarse y a Pekín a reforzar la seguridad. Mientras las autoridades chinas desplegaban masivas fuerzas de seguridad en toda la meseta tibetana para prevenir protestas, el Dalái Lama volvió a reiterar su reivindicación de una «autonomía significativa» para su país natal desde su exilio en Dharamsala, en el norte de la India. Los habitantes de la capital tibetana, Lhasa, afirmaron que ayer no había manifestaciones, y el presidente del Gobierno autónomo del Tíbet aseguró que la ciudad estaba en calma. Sin embargo, la calma parecía debida a la presencia de soldados y policía patrullando las calles. La policía china expulsó a tres periodistas de una zona tibetana del oeste de China y afirmó que otras ciudades de la región estaban cerradas a los extranjeros. En un discurso pronunciado en un templo del Himalaya indio, el Dalái Lama, premio Nobel de la Paz 1989, afirmó que «estos últimos 50 años han sido de sufrimiento y destrucciones para el territorio y el pueblo del Tíbet». «Una vez ocupado el Tíbet, el Gobierno comunista chino ha realizado allí toda una serie de campañas de violencia y represión [...] Los tibetanos han vivido literalmente un infierno en la tierra», acusó el líder del budismo tibetano. La diáspora tibetana convocó en Dharamsala manifestaciones con motivo del 50.º aniversario de la rebelión, pero también en capitales como Katmandú y Canberra. Manifestantes protibetanos y la policía se enfrentaron en la capital australiana y en el interior de un monasterio de Nepal, donde seis tibetanos fueron arrestados. En Suiza, unos 120 edificios oficiales amanecieron con una bandera tibetana. Portando banderas y pancartas con el lema «Tíbet libre», así como de agradecimiento a la India por haberlos acogido, los manifestantes marcharon durante seis kilómetros por el centro de Nueva Delhi. Buena parte de los manifestantes comenzaron ayer un ayuno que durará cincuenta horas, el mismo número que los años transcurridos desde la fracasada revuelta contra China. Pekín reaccionó acusando al Dalái Lama de «propagar rumores», al tiempo que afirmaba que no quiere responder a las «mentiras» del líder espiritual del budismo tibetano.