La crisis del gas entre Rusia y Ucrania ha vuelto a encender las alarmas sobre la dependencia energética que la UE tiene del exterior, especialmente de Rusia, y no es para menos ya que la Unión compra a Rusia un 25% del gas que consume.
Europa tiene complicado terminar con su dependencia «debido a su escasez de recursos y su limitada capacidad de almacenamiento», indicó Marie-Helene Fandel, del European Policy Centre, un centro de estudios con sede en Bruselas. Además, la necesidad de inversiones y tiempo para desarrollar gasoductos alternativos como el Nabucco, que conectará Europa con Asia Central evitando a Rusia, junto con la «incapacidad de los Veintisiete para desarrollar una política energética común», ralentiza todo el proceso, añadió.
Del gas que la UE importa (un 60%), el 42% viene de Rusia, que envía el 80% de sus exportaciones a través de Ucrania y el 20% vía Bielorrusia. Los Estados bálticos, Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría y República Checa dependen de las importaciones rusas en más de un 70%, mientras que otros como España, Irlanda y el Reino Unido no están tan expuestos porque reciben gas de otros proveedores.
La Unión Europea parece no estar interesada en buscar culpables en la disputa entre Ucrania y Rusia, que sigue considerando comercial, sino en que se resuelva inmediatamente. Para muchos analistas esta posición, aunque comprensible por la situación de dependencia, no deja de sorprender, ya que permite a Rusia utilizar el gas como arma política para perpetuar su influencia en el exterior y resquebrajar la unidad comunitaria.
Al desacreditar a Ucrania como país de tránsito, Moscú, que no siente una gran simpatía por sus dirigentes en especial desde la «revolución naranja», acentúa la necesidad de reforzar otras vías como el gasoducto Nord Stream que conectará Rusia con Alemania por el mar Báltico, estratégicamente diseñado para no transitar por las repúblicas ex soviéticas bálticas ni Polonia. Rusia, que mira con recelo cualquier acercamiento de las antiguas repúblicas soviéticas al bloque europeo, quiere que Ucrania deje de ser sitio de tránsito obligado para su gas.