En Gaza, Israel mantiene las fronteras cerradas desde antes de que el sábado comenzara la operación Plomo Fundido y no hay permiso para entrar e informar de lo que está pasando allí. En Israel, varias veces al día, el Israeli Project (organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a educar a la prensa y al público sobre Israel mientras promueve la libertad y la paz), convoca por SMS a ruedas de prensa con ministros, autoridades y médicos israelíes.
En Gaza, la cifra de muertos ascendía ayer a 345, según fuentes palestinas. Según Israel, la inmensa mayoría son miembros y uniformados de Hamás. La ONU cifraba en 57 las bajas civiles, entre ellos 21 niños. Es imposible de contrastar sobre el terreno. En Israel, desde el inicio de la operación han fallecido dos personas: Beber Vaknin, de 58 años, muerto el sábado en Netivot cuando un cohete Kassam impactó en su casa, y Hani al Mahdi, obrero árabe de 27 años, muerto ayer en Ashkelón por un cohete Grad.
En Gaza, la aviación israelí lanzó solo en la primera oleada de ataques del sábado 100 toneladas de explosivos sobre un centenar de objetivos con un acierto del 95%, según el diario Haaretz . Cabe destacar que dos Katiusha (la versión mejorada de los cohetes palestinos) explotaron por primera vez el domingo en Ashdod, a 37 y 35 kilómetros de distancia de Gaza respectivamente. Es la mayor distancia alcanzada hasta ahora por un cohete disparado desde la franja. Todos son proyectiles no dirigidos.
En el hospital donde fueron atendidos el muerto y los heridos de ayer, el Barzelai de Ashkelón, la Secretaría de Gerencia nos pone en diez segundos con el doctor Derazon Hashmonai, que nos comunica que están en «código rojo, alerta máxima». Toda la plantilla de «cirujanos, anestesistas, ortopedas...» está de guardia y lista para aparecer allí en 15 minutos, y junto a ellos 50 ambulancias apoyadas por las de los hospitales próximos. La mitad de las 600 camas están libres.
En Gaza, el neurocirujano Osama Said Aklouk informa que están mandando a casa a todo el que puede ser movido, para hacer sitio en el hospital de Shifa. No hay anestesia, ni vendas, ni plasma. Solo el sábado realizó 45 operaciones. Ofrece los datos por teléfono, no hay forma de comprobarlo. Gaza sigue cerrada. En una calle de Ashkelón, un hombre que se define «judío y argentino» sin dar su nombre, increpa a esta periodista: «Todo el día sacando por televisión esos niños palestinos muertos, eso es un juego bajo..., ¡muestren lo que hace España en Afganistán!, ¡zapatero a tus zapatos!».