La dama de hierro del socialismo francés

E.?S.

INTERNACIONAL

23 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Lleva la política en las venas como buena hija del hombre que dirigió durante diez años los destinos de la Unión Europea, Jacques Delors. Nacida hace 58 años, Martine Delors cambió su apellido por el de su esposo, Aubry, y decidió conservarlo aún después de su divorcio y nuevo matrimonio.

Madre de hija única, alumbró en política la controvertida ley de las 35 horas de trabajo semanal que la derecha intenta desmantelar inexorablemente.

«Digo las cosas a la cara, pero creo ser mucho menos dura que la gente de la política; soy incluso demasiado sensible». Los que no han podido apreciar personalmente este último rasgo de su carácter le llaman la dama de hierro , como una nueva Margaret Thatcher de la izquierda gala. Exigente y determinada, se ha impuesto su fama de mujer autoritaria.

Una formación irreprochable en Ciencias Políticas y un paso brillante por la Escuela Nacional de Administración le auguraban un futuro prometedor.

A la sombra de Mitterrand

Se inscribió como militante en el Partido Socialista en 1974 y tras unos años dedicados a la enseñanza universitaria dio el salto a la alta política con François Mitterrand como presidente. De sus altos cargos de entonces en Trabajo y Asuntos Sociales ha quedado su enorme error de juicio con los peligros del amianto, del que llegó a defender «un uso controlado».

Tras pasar por la empresa privada, Edith Cresson la nombró ministra de Trabajo y la confirmó en el puesto su sucesor, Pierre Bérégovoy. La victoria de la derecha en las legislativas de 1993 hizo que se volcara en el asociacionismo solidario con la creación de la fundación Actuar contra la Exclusión.

Combativa y militante, volvió al primer plano dos años después como portavoz del varias veces fracasado candidato a la presidencia Lionel Jospin que, elegido secretario general de los socialistas, le ofreció sin éxito el puesto de número dos.

Pero en 1997, con la victoria de la «derecha plural» en las legislativas no pudo resistirse a la nueva oferta de Jospin: vicepresidenta y ministra de Trabajo en un momento en que el paro batía el récord con más de dos millones de desempleados. De ahí salió la ley de las 35 horas de trabajo semanal, que creó 300.000 puestos de trabajo -menos de los previstos-, pero aumentó la productividad. Nadie se acuerda ya de que también fue ella la madre de la cobertura sanitaria universal. Cambió su París natal por la alcaldía de Lille, que renovó en segunda vuelta en las últimas elecciones municipales.