Se busca nuevo líder para Occidente

Juan Oliver

INTERNACIONAL

Europa está dispuesta a apoyar el papel de EE.UU. como gran potencia mundial si ?el presidente electo devuelve a la UE el protagonismo que perdió durante la era de Bush

09 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Estados Unidos y Europa presumen de ser las fronteras de ese ideograma geopolítico que llamamos Occidente. Les unen la historia, el desarrollo de un modelo de organización socioeconómica basada en el libre mercado, y la defensa de valores comunes como la libertad, la democracia y el Estado de derecho. Pero en los últimos ocho años esos lazos se han deshilachado a jirones.

La foto de las Azores y sus secuelas, como Guantánamo y los vuelos secretos de la CIA; la falta de compromiso de la Administración Bush con la lucha contra el cambio climático; su displicente individualismo en la gestión de asuntos como el conflicto de Palestina y el programa nuclear iraní; las relaciones con Rusia y las injerencias en el referendo irlandés sobre el Tratado de Lisboa, han dejado en Europa la ingrata sensación de que el amigo americano la mira desde hace años por encima del hombro. ¿Será Obama capaz de invertir esa tendencia?

El fin de una época

«El mundo ya no es multipolar. La época de una sola moneda y de una sola dirección [de los asuntos económicos internacionales] se ha terminado», dijo el jefe de Estado francés y presidente de turno de la UE, Nicolás Sarkozy, en la última reunión de líderes europeos el pasado viernes en Bruselas. Se refería a la crisis financiera, originada en la caótica desorganización de las finanzas de Estados Unidos, y que le ha costado a la UE la peor crisis económica de su historia. Pero también al modelo de relaciones entre iguales que la Unión desea mantener con su mejor aliado.

«Tenemos que recuperar una relación fuerte y mucho más estrecha», asegura el eurodiputado gallego Francisco Millán Mon (PP), a quien la Comisión de Exteriores de la Eurocámara ha encomendado la redacción de un informe sobre el futuro de las relaciones con Estados Unidos.

Millán subraya que, pese al poso que han dejado las dos legislaturas de George W. Bush, su segundo mandato ha representado «un cambio sustancial», con «una mayor presencia de la Unión Europea en la política norteamericana» que puede facilitar mucho las cosas. Pero también recuerda que más allá de la Agenda Trasatlántica, firmada en 1995, no existe ningún otro instrumento jurídico-institucional que regule esas relaciones. «Es inexplicable que firmemos acuerdos de asociación con todo el mundo excepto con ellos», explica el eurodiputado. Obama ha prometido a sus compatriotas que cambiará el país sin ceder ni un ápice de protagonismo como superpotencia política y económica. Pero si quiere que los europeos vean en él al nuevo líder de Occidente, deberá convencerlos de que los necesita para gestionar ese liderazgo y para resolver los problemas del mundo sin recurrir a su capacidad militar.

El discurso de Berlín

El pasado 24 de julio, en plena precampaña y mientras McCain buscaba votos bajo las piedras de la América profunda, Obama pronunció en Berlín un discurso que explica las expectativas que ha despertado su victoria entre los europeos.

«Mientras os hablo -dijo el entonces candidato demócrata-, coches en Boston y factorías en Pekín están derritiendo la capa de hielo del Ártico, reduciendo las costas del Atlántico y trayendo sequía a las granjas de Kansas y de Kenia. ?Material nuclear mal protegido de la ex Unión Soviética, o secretos de un científico en Pakistán, podrían ayudar a construir una bomba que estallará en París.

La amapola de Afganistán se convierte en la heroína de Berlín. La pobreza y la violencia de Somalia nutren el terror de mañana. El genocidio de Darfur es una vergüenza para la conciencia de todos.

En este nuevo mundo, estas peligrosas tendencias se mueven más rápido que nuestros esfuerzos para contenerlas. Por ello no nos podemos permitir estar divididos. ?Ninguna nación, por muy grande o poderosa que sea, puede vencer sola tales desafíos».