Scott McClellan fue durante tres años el que dio la cara en la Casa Blanca frente a las críticas de la prensa a la invasión de Irak y a escándalos como la filtración desde la cúpula del poder de la identidad de una agente de la CIA. Con su aspecto bonachón y su voz templada, lidió con la prensa en su cargo de portavoz desde julio del 2003 a abril del 2006. Dos años después de su renuncia -aunque siempre ha quedado la duda de si en realidad fue despedido-, su imagen cambió radicalmente.
Concretamente en mayo pasado, tras la publicación de su libro Qué ocurrió: dentro de la Casa Blanca de Bush y la cultura de engaños de Washington, en el que no deja títere con cabeza en la Casa Blanca. En su obra, el ex portavoz acusa al presidente de mentir a la opinión pública para justificar la invasión de Irak y de inoperancia durante el huracán Katrina . También dice haber sido engañado por el círculo del poder, apuntando directamente a Karl Rove, en el caso de la filtración a la prensa de la identidad de la agente Valerie Palme para vengarse del marido de esta, un ex diplomático que acusó a Bush de dar pruebas falsas sobre las armas de Sadam Huseín.
De nada sirvieron sus largos años de trabajo al lado de Bush -que se remontan a su época de gobernador de Tejas-. Scott se convirtió en un traidor inesperado con mucha información.