El ex obispo católico Fernando Lugo asumió ayer la presidencia de Paraguay ante miles de personas que corearon «Lugo presidente, el pueblo en el poder», con la esperanza que despierta el nuevo Gobierno que por primera vez en 61 años desplazó al conservador Partido Colorado. En su discurso de investidura, al que asistieron nueve presidentes extranjeros y el Príncipe Felipe, Lugo prometió ser «implacable» en la lucha contra la corrupción y situar a su país entre las democracias consolidadas del mundo.
La investidura congregó a 15.000 personas en una plaza ante el Congreso. Ante ellos, el flamante presidente gritó su «Sí, juro», intensamente y a pleno pulmón, enfundado en unas humildes sandalias franciscanas y camisa blanca de aopo'i , tela típica tradicional paraguaya.
«Hoy termina la historia de un Paraguay», expresó Lugo en su alocución -en la que se emocionó varias veces-, para afirmar seguidamente que las nuevas autoridades «serán implacables con los ladrones de su pueblo». Además promete austeridad renunciando a su sueldo de jefe de Estado.
Su llegada al poder viene a sumarse a Gobiernos considerados de izquierda en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Uruguay y Venezuela. Hugo Chávez fue uno de los más enfáticos en brindar su poyo a Lugo, en especial en el área petrolera, a igual que su colega Evo Morales con la provisión de gas. Lugo fue durante poco más de un decenio obispo de la diócesis de San Pedro, la región más conflictiva y pobre del país.