La Europa del Este siente nostalgia

Paco Soto

INTERNACIONAL

Los países del antiguo socialismo real miran atrás porque el actual crecimiento económico no reporta a sus habitantes mayor bienestar ni cohesión social

01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los países europeos hijos del socialismo real, que hace dos décadas abrazaron la economía de mercado y la democracia que les permitió ingresar en la UE, comienzan a mirar atrás con nostalgia. Las políticas ultraliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (BM) han generado desigualdades sociales, descontento popular y el auge de nuevos extremismos. Países como Hungría, Polonia, las repúblicas bálticas, Bulgaria o Rumanía experimentan un crecimiento económico espectacular que no ha traído mayor bienestar ni cohesión social, lo que genera descontento y el auge de un nacionalismo populista.

Mientras las nuevas clases dirigentes se han enriquecido, en países como Bulgaria y Rumanía de forma dudosa, y las clases medias urbanas son una realidad tangible, las desigualdades son también notables y la cohesión social ha sido desechada. Diversos expertos explican que la ausencia de un desarrollo equilibrado y generador de riqueza social es negativa para la estabilidad de la UE. El economista polaco Tadeusz Kovalik sostiene que «puede crear una Europa de dos y hasta tres velocidades y tensiones sociales que acabarán siendo malas para la democracia y la propia Unión».

El BM, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, Transparency Internacional y la Comisión Europea manejan parecidos temores. Mientras los antiguos partidos comunistas se han convertido a la socialdemocracia, y algunos de sus dirigentes o herederos defienden el capitalismo salvaje con la fe del converso, los grupos sociales de los países ex socialistas, que por edad y formación cultural y profesional no se pueden adaptar al cambio, se han quedado en la cuneta.

En Polonia y en la antigua Alemania del Este, en Lituania, Hungría, Rumanía, Bulgaria o en la ex Yugoslavia, los poscomunistas han ganado elecciones y gobernado en diversas ocasiones, en las que han aplicado políticas neoliberales que han mandado a miles de trabajadores al paro y hundido en la miseria a muchos jubilados.

El profesor de Filosofía de la Universidad de Varsovia Michal Kozkowski afirma que «en países como Polonia los nostálgicos son pocos, ya que el régimen anterior está muy deslegitimado». Sin embargo, refleja el descontento y la capacidad de maniobra y de supervivencia de algunos grupos y clanes de las antiguas nomenclaturas comunistas, generalmente ex reformistas, que siguen activos en política, mientras otros han optado por los negocios. Utilizan con habilidad un discurso social, nacionalista y populista, e intentan ganar seguidores entre la nueva generación que no ha conocido el comunismo y los grupos sociales empobrecidos.

En este contexto de alto crecimiento económico y descontento popular, la unión de extremistas de distinto pelaje, desde la derecha radical hasta la ultraizquierda neocomunista, es una realidad en el Este de Europa que genera inestabilidad política.

En Polonia, el ultraconservador Partido Ley y Justicia gobernó dos años con los ex comunistas y populistas de Samoobrona y la extrema derecha de la Liga de las Familias Polacas. En Rumanía, el presidente de centroderecha Traian Basescu sufre presiones constantes de la extrema derecha y los poscomunistas. En Bulgaria, la extrema derecha populista y nacionalista es fuerte, y en Hungría el primer ministro socialista, Ferenc Gyurcsány, es blanco constante de los conservadores de Fidesz, la derecha fascistoide, y la ultraizquierda.