El alcalde y diputados se unieron a los actos de protesta contra China, que terminaron con 20 detenidos
08 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los parisinos la han bautizado como «la guerra del fuego»; los comentaristas, como «el suplicio chino». La llama olímpica no pudo completar su recorrido de 28 kilómetros por las calles de la Ciudad de la Luz a pesar de recibir la misma protección que un jefe de Estado. Finalizó su carrera de obstáculos metida en un autobús y así llegó al estadio de Charléty, de forma casi clandestina. La prefectura de Policía tuvo que reconocer anoche que la llama se apagó cinco veces, una por un «problema técnico» y las cuatro restantes para resguardarla en un autobús a petición de Pekín.
La salida del primer piso de la Torre Eiffel poco después del mediodía anunciaba ya lo caótico del recorrido, con el símbolo olímpico asediado por manifestantes armados de extintores pese a la contundencia policial. El atleta Stéphane Diagana, el primero de los 80 relevistas dispuesto a transportar la antorcha no pudo recorrer más que unos 15 metros hasta encontrarse con un parlamentario regional ecologista dispuesto a arrebatársela. Fue uno de los primeros del total de 20 detenidos de la jornada. Poco después, la policía arrestó a una colega suya que intentaba apagar la antorcha.
Encadenado a la Torre Eiffel
Tres activistas de Reporteros sin Fronteras (RSF) se colgaron y encadenaron a la Torre Eiffel y desplegaron su propia versión de la bandera olímpica, que presenta sobre fondo negro los cinco aros transformados en esposas para denunciar la falta de respeto a los derechos humanos en China. Los bomberos tuvieron que trabajar a más de 150 metros de altura para hacerles bajar. La bandera de RSF volvió a ondear en los Campos Elíseos y en la catedral de Notre Dame.
En la Explanada de los Derechos Humanos de Trocadero se concentraron los exiliados tibetanos, llegados de todos los puntos de Europa para participar en esta jornada de protesta que calificaron de éxito. Se les unieron intelectuales y artistas como Jane Birkin, indignados porque «no hay libertad de expresión» en China.
Fuertemente vigilados por la policía, que les impidió el acceso al Campo de Marte, saludaron la antorcha con una sonora pitada. A lo largo de todo el recorrido, las fuerzas del orden impedían que hombres y mujeres se tendieran en el suelo para entorpecer el paso de la comitiva. Poco después de las dos de la tarde, consiguieron frenar a seis personas que se abalanzaron para apagar la llama.
Más de 3.000 policías
El dispositivo policial superó los 3.000 hombres, desplegados en las calles -en bicicleta, patines y motorizados-, en el aire e incluso en las aguas del Sena. Cuatro veces tuvieron que proteger la llama en un autobús y así llegó a su destino, el estadio de Charléty, junto a la sede del Comité Olímpico. Fueron los organizadores chinos los que decidieron acortar el recorrido cuando la comitiva llevaba ya más de una hora de retraso. Suprimieron la parada prevista ante el Ayuntamiento de París, donde les esperaba el mensaje del alcalde socialista Bertrand Delanoë: «París apoya los derechos humanos en todo el mundo».
El último punto donde pudo verse la antorcha fue la Asamblea Nacional, donde medio centenar de diputados de todos los partidos la esperaban con una pancarta a favor de los derechos humanos en China a ritmo de La marsellesa.
La antorcha abandonó anoche Francia con destino a la ciudad estadounidense de San Francisco, donde su recorrido tampoco se prevé festivo. Como anticipo, ayer tres manifestantes escalaron por los cables del Golden Gate y desplegaron un cartel en el lema «Un mundo, un sueño, Tíbet libre».